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/ Gustavo Arango
Con tres frases Dylan destruyó todo el montaje de la industria editorial y se encargó de recordarnos que el impacto de una obra –una canción, una novela, un epigrama–, si es auténtico, es un milagro secreto en el corazón de quien la acoge

/ Juan Carlos Franco
Un año difícil como pocos. Y eso que contamos con una administración municipal y un alcalde que escuchan más que los anteriores. No hacen milagros, pero generan un mínimo de tranquilidad

/ Juan Sebastián Restrepo
Somos una sociedad de la era del simulacro. Y esto implica una suerte de apatía en el espacio de lo íntimo y lo privado que contrasta con una hipersensibilidad hacia la esfera del espectáculo. A través de los dioses contemporáneos vivimos las agonías y pasiones

/ Santiago Hernández
Jarlinson, Yubergen y el poderoso Nacional, que ni el desastre del Mundial de Clubes logra empañar: el sello de un 2016 para sacar pecho por la palabra colombiano. Así solo sea en el deporte

/ Esteban Carlos Mejía
Su escritura tiene duende, como decía Federico García Lorca: el duende de la originalidad y la consistencia narrativa, la independencia espiritual de un creador sin ambages ni cortapisas, hecho para ser leído con veneración y respeto

/ Alfonso Arias Bernal
Sentimos temor de enfrentarnos solos a nuestras dudas y temores. El miedo a la autodeterminación nos lleva a aceptar de manera acrítica dogmas, lo cual nos resulta muy cómodo y tranquilizador

/ Jorge Vega Bravo
Independiente de nuestras creencias, la celebración del nacimiento de un Niño mueve los más hondos sentimientos. Es como si trajera noticias del mundo espiritual

/ Elena María Molina
Nos mata la inercia, actuamos por necesidad y eso no es movimiento, eso es un resultado, una consecuencia. Es una actuación casi teatral, una respuesta automática. Escucharse, mirarse, verse, es lo que genera el movimiento

/ Santiago Hernández
Es preparar, como Pablo y Marcela, seis meses de un sueño: hacer cuentas, rebuscar tiquetes, pasaportes, itinerarios, hoteles (o simplemente camas), es poner tu vida en función de un par de partidos de fútbol

/ Gustavo Arango
Tal vez la vida no nos alcance para entender lo que ocurrió en el Atanasio Girardot la noche en que debía disputarse una final de campeonato. Algo me dice que esa noche también honrábamos los muertos que ha dejado esa monstruosa virtud que conocemos como “la verraquera paisa”

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