Ciclista, hombre, 23 años, Las Palmas

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La muerte de once ciclistas en vías de Medellín no se debe analizar desde la comparación estadística, sino desde el valor máximo de la vida y el concepto de sostenibilidad.

La ficha corresponde a un accidente de tránsito ocurrido el 16 de enero y reseña la primera víctima mortal del año entre ciclistas en Medellín. Tenía 23 años, su nombre hace parte de la reserva y el levantamiento fue un día después, en un hospital.

Diez y siete días más tarde inició una seguidilla de más muertes: un hombre de 48 años, accidentado en la carrera 50 con la calle 31, que murió a los seis días en un centro asistencial. La más reciente sucedió el 9 de septiembre: hombre, entre 20 y 25 años, fallecido en la vía, en la carrera 36 con la 18.

Son once casos, al 19 de octubre, tres ocurridos en El Poblado y todos con el denominador común del género masculino, entre 19 y 50 años.

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Vivir en El Poblado ha cuestionado la metodología de los gobiernos de establecer comparativos sobre vidas perdidas y en este caso insistimos: no es respetuoso, es insensible con los familiares de las víctimas atreverse a mencionar que el año pasado hubo más o menos muertes de ciclistas en las vías. No son fuentes de cálculos y paralelos. Son vidas irrecuperables.

El incidente en el soterrado de Parques del Río abrió de nuevo el debate: ¿En una ciudad de fotomultas por qué el video de origen ciudadano es descalificado como prueba? No como veredicto, como prueba.

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También es un atrevimiento plantear que “algo indebido estarían haciendo” estos ciudadanos. De tal calaña fue el debate suscitado la semana anterior en redes sociales frente al caso del ciclista y el taxista que tuvieron un enfrentamiento en el soterrado de Parques del Río. La Secretaría de Movilidad aplicó una sanción pedagógica, dado que el video ciudadano fue inútil como prueba, para dejar lecciones (un vehículo no se utiliza para amenazar a otro usuario de la vía, es un medio de transporte y no un arma de ataque, un error de cálculo tiene consecuencias fatales); sin embargo, los argumentos que rodearon el incidente dan a entender que hacen falta más pedagogía, empatía y conciencia en esta ciudad.
Hay quienes, por ejemplo, creen que quien comete una infracción de tránsito es merecedor de un accidente fatal. Pena de muerte, plantean tal vez sin darse cuenta.

Van once muertes de ciclistas y el caso es de relevancia en una ciudad que se propone la necesidad de dejar el carro en casa y optar por alternativas de movilidad más sostenibles y que le abre más rutas a la bicicleta y más formas de integración con sistemas como el metro.

Las muertes en la vía deben ser evitables, y son la pericia, la prudencia, la tolerancia y el respeto de las normas de tránsito y de la vida, de parte de cada uno de los usuarios, la forma de llegar con vida al destino elegido, en bicicleta, a pie o en carro.

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