Manila: ¡Cómo has cambiado!

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Uno de los objetivos fundamentales de Vivir en El Poblado, desde su inicio, ha sido recuperar la historia de la Comuna 14. En 2010 hizo un recorrido por los barrios, en el que incluyó esta historia de Manila.

2011

Manila, como muchos lugares en El Poblado, antes de ser barrio fue una gran finca. Perteneció al Seminario Conciliar y posteriormente a la familia de Isaac Restrepo Posada, quienes vivieron allí hasta el momento de iniciar la construcción del Barrio. A principios del siglo XX.

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Los dueños de esas fincas que se convirtieron en barrios, las tenían, además de para explotarlas, para pasar vacaciones y días de descanso con su familia. El viaje a la finca se iniciaba temprano en tranvía, hasta la estación Poblado y de ahí hasta la casa de la finca en bestia. (La calle 10 de hoy se llamaba, entonces, la calle de la Estación).

A fines de los años 30 comenzó la construcción del barrio Manila. Poco a poco cada familia compraba su lote y construía su casa, de uno o dos pisos. En su momento y durante mucho tiempo, Manila fue un barrio con viviendas uniformes, azules y blancas. Entonces, muchas de las familias adineradas del barrio Prado y el centro de Medellín tenían grandes propiedades…

Una de las primeras casas que se construyeron en Manila fue la de la familia Vasco Ospina. Eran ocho hijos que nacieron en el Parque de El Poblado, en la vieja casa esquinera que tenía su papá, donde hoy queda el Banco de Bogotá. Allí había animales, árboles frutales y agua propia que bajaba de la montaña.

Esta familia construyó una casa de dos pisos, cerca de la calle 12, donde quedaba la escuela de niños Francisco Herrera Campuzano, que cerró hace 50 años, y donde hoy funciona parte del Comando de la Policía y la Casa de la Cultura.

Con el paso de los años, los edificios y unidades residenciales y las vías congestionadas fueron dominando el barrio, y empezaron a tratar de darle otro carácter.

Luego, los pequeños negocios fueron consiguiendo su propio local o casa: hostales, hoteles, spas, restaurantes, pequeños talleres, galerías de arte, en fin, un mundo enorme y variado a medida y semejanza de otro lado cualquiera del mundo.

En los años recientes, el barrio se empezó a caracterizar por los albergues para mochileros extranjeros, y muchas casas empezaron a reconvertirse en hostales u hoteles con precios accesibles. Complementan el nuevo paisaje urbano las tiendas estilo vintage y los cafecitos tipo europeo, lo que está cambiando la vocación del barrio de residencial a mixto, con los inevitables problemas de movilidad y contaminación por basuras. Algunos han optado por arrendar sus casas o venderlas por el incremento del costo de vida. Otros prefieren morir allí, aunque ya no haya cupo en el viejo cementerio.

Como la mayoría de los barrios de Medellín, Manila fue, a principios del siglo XX, una zona rural con grandes casas de veraneo.  Mucho ha cambiado de ayer a hoy en este sector.

Manila, en 2010

“Pese al cambio, Manila conserva su toque de barrio”, titulaba Vivir en El Poblado en la edición 428, de 2010. Una afirmación que confirmaba con datos: “El barrio Manila cuenta con 25 edificios en los cuales hay 215 apartamentos y 170 oficinas. En Manila también hay 268 casas, muchas de ellas convertidas en oficinas, locales comerciales o pequeños restaurantes”.

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