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A propósito del currículo escolar en tiempos de pandemia

El currículo es ante todo una praxis (Sacristán, 1995), que da cuenta de la función socializadora y cultural que tienen las instituciones educativas. Lo constituyen el conjunto de procesos que se tejen y gravitan en el escenario escolar y no se reduce solo a un conjunto de conocimientos o materias que debe cursar un estudiante dentro de un grado.

Es un entramado de relaciones entre sujetos que en prácticas complejas e intencionadas, indaga la realidad del estudiante, para sintonizarla con el ideal formativo que se persigue.

Es allí donde centra la mirada el presente artículo, pues en él subyace el propósito de aportar a la reflexión de los maestros en torno al desarrollo del currículo en un escenario atravesado por eventos tan singulares como la declaración de emergencia ante el impacto que ha tenido la pandemia del COVID-19 en el proceso enseñanza-aprendizaje y en general, en los establecimientos educativos.

Concebir el currículo como praxis, implica comprenderlo en el seno de la cultura y su función en el contexto social. Es una construcción cultural y una manera de organizar las prácticas educativas (Grundy, 1987) en un espacio de interacción donde se entrecruzan procesos, agentes y ámbitos diversos, para configurar su sentido y significado. Solo en el marco de todas esas interacciones se puede comprender su valor real, por ello, el currículo no existe al margen de las circunstancias contextuales que lo determinan.

Ahora bien, el desarrollo curricular de los establecimientos educativos hoy, ha sido intervenido desde unas lógicas no habituales por las condiciones contextuales establecidas por la pandemia. El contexto cultural donde habitan los procesos formativos de los niños, niñas y jóvenes cambió, entre otros aspectos, en ambientes de aprendizaje, en relaciones entre los actores que configuran las prácticas pedagógicas, en mediaciones didácticas y en la forma como se desarrollan, adquieren y valoran los aprendizajes.

El proceso formativo se aloja en las casas de los estudiantes con dispositivos pedagógicos diferentes a los usuales y carentes en muchos casos de las herramientas necesarias para este proceso.

Por ello, los escenarios locales y mundiales están en la tarea de poner a tono los procesos educativos con las realidades que el contexto les presenta, reconstruyendo, reinventando y recreando el currículo y el quehacer pedagógico para garantizar no sólo el derecho a la educación de los niños, niñas y jóvenes, sino para que desarrollen y adquieran los aprendizajes para la vida.

Esta tarea implica redefinir el currículo colocando de manifiesto la misión e intención formativa de los establecimientos educativos en el contexto sociocultural y la forma particular de hacerlo realidad en los diferentes niveles y modalidades que oferta.

En el marco del ejercicio de la autonomía que la norma le confiere a los establecimientos educativos, éstos deben revisar y organizar en la planeación curricular, las mediaciones y/o herramientas pedagógicas, la evaluación, promoción de los estudiantes y en general, el plan de estudios que estructure en las áreas y proyectos pedagógicos que lo constituyen, los tiempos, las secuencias, las didácticas y las formas de evaluar con el propósito de generar conocimiento y desarrollar los procesos básicos para aprender a aprender.

El desarrollo de estos procesos, implica un diseño curricular flexible que como lo plantea el Ministerio de Educación Nacional, debe fundamentarse en acciones tales como:

  1. Comunicación. Establecer estrategias que faciliten la comunicación veraz, fluida y oportuna con los estudiantes y padres de familia para conocer sus inquietudes, dudas y sugerencias en torno al desarrollo del trabajo en casa de los estudiantes.
  2. Conocimiento y cotidianidad. Diseñar actividades pedagógicas que faciliten la relación entre el conocimiento y su aplicación en la vivencia cotidiana; entre los saberes de las diversas áreas y entre los diversos programas establecidos en el Proyecto Educativo Institucional, mediante el análisis y la creatividad de todos los actores que componen la comunidad educativa, en especial los maestros y los estudiantes.
  3. Articulación del conocimiento. Movilizar la articulación del conocimiento con la vida cotidiana en todas las direcciones: por grados, por niveles, horizontal y transversalmente, de tal manera que propicien y refuercen la creación de esquemas conceptuales, afectivos, actitudinales y de hábitos favorables para el desempeño en la vida. Las áreas se convierten en medios para lograr este desarrollo.
  4. Plan de Estudios. Reorganizar el Plan de Estudios definiendo áreas, asignaturas, temas, proyectos pedagógicos, metodologías y tiempos, teniendo en cuenta los ritmos de aprendizaje, los recursos didácticos y las herramientas que poseen los estudiantes para realizar las actividades derivadas de las diferentes áreas y proyectos y las diferencias del contexto que marcan resultados disímiles. No tienen las mismas condiciones los estudiantes que poseen los ambientes de aprendizaje adecuados, las dotaciones tecnológicas, la conectividad y en general, las herramientas básicas en el proceso formativo, que aquellos que no los poseen como es el caso de los estudiantes de la ruralidad antioqueña y colombiana.
  5. Herramientas básicas. Colocar el énfasis en la adquisición de las herramientas básicas para aprender a aprender, a través de metodologías activas que permitan la interacción del estudiante con su entorno y su vida cotidiana de una manera lúdica y significativa.
  6. La evaluación. Situar la evaluación de los aprendizajes y la promoción de los estudiantes es clave de los procesos curriculares, en tanto son caras de una misma moneda. La evaluación es el proceso permanente y objetivo para valorar el nivel de desempeño de los estudiantes. Los establecimientos educativos en cabeza de sus Consejos Académicos, deben revisar el Sistema Institucional de Evaluación en su conjunto y redefinir criterios, estrategias de valoración, acciones de seguimiento, procesos de autoevaluación y estrategias de apoyo para resolver situaciones pedagógicas pendientes de los estudiantes.
    Todo ello, en el marco del trabajo en casa que exige otras estrategias para valorarlos y evaluarlos por las condiciones en que éstos desarrollan las actividades, con el fin de avanzar en su proceso formativo.

Por: Luz Piedad Hurtado Cano
Pedagoga

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