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Voces en el aire

Elena Poniatowska llegó a los diez años de edad a México en compañía de su familia, que salió de Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta escritora, hija de Polaco y mexicana, recibió el Premio Cervantes y transcribo parte de su intervención en la ceremonia: “Aprendí el Español en la calle, con los gritos de los pregoneros y con unas rondas que siempre se referían a la muerte”.

“Naranja dulce,
limón celeste,
dile a María
que no se acueste.

María, María
ya se acostó,
vino la muerte
y se la llevó”.

La historia de los pregones es antigua y extensa, por lo tanto, es importante su relación con otros campos en los que se encuentra su conversión en género musical.

Un ejemplo de ello es El manisero, un son-pregón, con autoría del cubano Moisés Simons, quien se basó en los pregones que escuchaba en la calle. Estos siempre recordarán a la población afro que llegó a Cuba y recreó su oralidad a falta de ser alfabetizada.

Pensemos que estas voces salen de quienes no tienen acceso a la prensa escrita o hablada; sin embargo, la calle y el aire son suyos para proponer otra forma de comunicación a los habitantes de pueblos y ciudades.

Como un momento de resurrección volvieron a este territorio los anuncios, con decir que en mi vecindario hay música para ofrecer aguacates, reparación de tapas de ollas y la pintoresca serenata, aunque a decir verdad, no suceden en tiempo de sereno, sino a plena luz del sol, en fin que hay momentos en los que se conjugan sus presencias creando una auténtica polifonía.

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Se ha establecido una conexión de la calle con el interior de las casas y de las oficinas, incluso se podría afirmar que hay una ampliación del espacio urbano donde la voz del sujeto que pregona traspasa los muros y da cuenta de una actividad económica de subsistencia y de subempleo. El pregonero es un individuo a través del cual habla la Polis.

Quedaron faltando para estos tiempos de incertidumbre personajes como Dulcamara, esa figura de la ópera Elixir de amor, de Gaetano Donizetti, que ofrece bebedizos y alguna pócima milagrosa.

El tango es un género que no ha sido extraño a los pregones y como muestra de ello está El quinielero, con letra de Roberto Aubriot Barbosa.

“Ya no solo el verdulero
con su canto matinal,
que nos despierta ofreciendo,
su mercancía especial.
Hoy lo imita el quinielero
con su promesa temprana,
diciendo que hay “vento”(1) fresco
tres veces a la semana.
En su pregón el vocero
dice con tono formal.

¡Quinielero!
Patrona, ¿quiere jugar?… (…)”.

Según la RAE, quiniela para el Rio de la Plata significa “juego que consiste en apostar a la última o últimas cifras de los premios mayores de la lotería”. El tango invitado ofrece una escena teatral callejera con los vendedores de la suerte que irían ofreciendo la esquiva fortuna ayudados por el eco de su voz, mientras recorrían los barrios y estarían de puerta en puerta echando su cuento.

Después imaginar al comprador levantando castillos en el aire, aunque siempre vendrá una palabra de consuelo en los versos finales del tango:

“El que anda mal en el juego
no erra una en el amor…”.

Para despedir el artículo, traer el siguiente texto: “El interés por el tema del pregón aparece ya en el siglo XVI, cuando Anibale Caracci dibuja los pregoneros de Babilonia, pero aparece también en la literatura, por ejemplo en una de sus primeras colecciones conocidas del cuento Aladino de Las Mil y Una Noches, con fuentes en India y Egipto. Fue precisamente un pregonero quien indujo la lámpara mágica a la princesa de Aladin.

“Lámparas nuevas por viejas… ¿Quién no cambia lámparas viejas por nuevas…?” (2).

Por: Laura Cecilia Bedoya

  1. Vento: dinero
  2. file:///C:/Users/LENOVO/Dropbox/Mi%20PC%20(DESKTOP-R9E9JR5)/Downloads/DPTX_2014_1_11210_0_436756_0_162796.pdf

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