Nuestra historia
En plena crisis económica de los años 90, cuando nadie se arriesgaba a emprender, un joven comunicador llamado Julio César Posada Aristizábal (q.e.p.d) se atrevió a lanzar un periódico gratuito para El Poblado. Su idea era simple pero poderosa: que la gente supiera qué pasaba justo al frente de su casa, no en el Palacio de Nariño. Pensó el barrio como una comunidad viva y decidió hacer periodismo útil, ese que sí le importa a la gente.
Así nació Vivir en El Poblado, el 8 de noviembre de 1990, tras meses de planeación, censos hechos a pie para estimar la circulación, y clases de diseño editorial que servían para financiar el sueño. Arrancó con 11.000 ejemplares. Contra todo pronóstico (y con el escepticismo de su propio padre), el periódico creció hasta convertirse en una empresa real, con empleados que llegaban puntualmente cada mañana. Durante años ha sido cronista del barrio: sus obras, sus líderes, sus debates y hasta sus huecos.


La historia es tan extraordinaria que incluso Gabriel García Márquez lo notó. El Nobel invitó al equipo a su casa en Cartagena para entender cómo un periódico gratuito para un solo barrio no solo sobrevivía, sino que prosperaba. Para Gabo, era casi un acto mágico.
Y aunque la historia nació con Julio, no se quedó allí. En los últimos siete años, Vivir en El Poblado ha vivido una nueva etapa: cambió de propietarios, renovó sus apuestas editoriales y gerenciales, y se volcó hacia un periodismo de soluciones, moderno y cercano. Nació Vivir en Oriente, se fortaleció la presencia digital y el compromiso con las comunidades se volvió más activo. Es un medio que sigue creyendo en el buen periodismo como una herramienta de transformación local.
Vivir en El Poblado no es solo un periódico. Es un globo que flota con la energía de la gente que lo hace posible. Y que, con nuevos vientos, quiere seguir volando muchos años más.