Unas Olimpiadas de El Poblado que no se olvidan

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Hubo una época en que era posible cerrar las calles de El Poblado para dedicarlas a competencias deportivas. Vivir en El Poblado convocaba a través de sus páginas a las Olimpiadas de El Poblado, toda una fiesta.

1997

La fiesta era en junio, durante las vacaciones. Sí, era una verdadera fiesta en la que la adrenalina estaba en el ambiente, así lo recuerdan Juana Cobollo y Pike (Luis Guillermo Sosa), dos de los entusiastas participantes de un encuentro que les permitió jugar, competir y hacer amigos.

Vivir en El Poblado anunció en varias ediciones las Olimpiadas de El Poblado, una iniciativa del Padre Hernán Montoya Hurtado, por muchos años párroco de la Divina Eucaristía. El sacerdote fundó el evento en 1965. Y se hizo hasta el final de los años noventa, con interrupciones, luego de que el sacerdote dejara la parroquia.

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Dicen Juana y Pike que uno de los momentos más emocionantes era la entrega de los premios. Ganar la medalla era un honor. Los patrocinios estaban a cargo de los negocios del sector. “Era una comunidad. Recuerdo esas competencias como algo entrañable. Las esperábamos con muchas ansias”, manifiesta Juana, quien abrió en Facebook el grupo “A mí me tocaron las Olimpiadas de El Poblado”, en el que hay más de mil seguidores.

1965 FUE EL AÑO de inicio de las Olimpiadas de El Poblado, en Provenza.

Ella, que es la directora de la Corporación Barrio Provenza de Medellín, lidera un proyecto para la reactivación de estos encuentros que, por orden del Comité Olímpico de Colombia, debieron cambiar de nombre por Juegos Deportivos; sin embargo, la primera denominación se quedó en la memoria.

Imágenes de las antiguas Olimpiadas de El Poblado, que reposan en el archivo de nuestro periódico.

Inolvidables serán los circuitos de atletismo y ciclismo dándole la vuelta al Parque Lleras, que luego se hicieron más retadores por las lomas; inolvidables los desafíos en la cancha de Astorga; los partidos de fútbol en la finca donde hoy está Oviedo y los de sóftbol en las mangas de Vizcaya. Inolvidable el refresco, Uva o Colombiana con rollo. Y no faltaron los emprendedores, como Juana, que montó venta de arepas de chócolo y perros calientes.

“Al padre Hernán le tenemos que rendir un homenaje”, dice Pike. Está convencido de que la mejor época de los juegos fue en los años ochenta. “Había mucha integración. Luego invitaron a participantes de otros barrios”. A través de la emisora Veracruz Estéreo se hacía la convocatoria a las justas deportivas que fueron creciendo en las modalidades, hasta reunir atletismo, fútbol, ciclismo, tenis de mesa, patinaje, ajedrez, baloncesto, voleibol, sóftbol, natación, tejo y billar. Hombres y mujeres jugaban. Niños, adolescentes y mayores se unían.

Las Olimpiadas en los noventa no fueron lo mismo. La generación había cambiado. Lo cierto es que en el corazón de sus participantes queda el recuerdo vivo de aquellos años en los que los vecinos salían a la calle a darles ánimo.

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