Seguridad, un intangible que añoramos

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Podemos decir que Vivir en El Poblado nació como una respuesta a la difícil situación que estaba viviendo Medellín, a inicios de los años 90, por la violencia del narcotráfico. El Poblado no era ni ha sido ajeno a las tragedias, pero por sobre ellas han estado la resiliencia, la solidaridad y las ganas de vivir.

1990-1991

Nadie olvida el relato del entonces joven sobreviviente de la masacre de Oporto, ocurrida el sábado 23 de junio de 1990, en una casafinca de Envigado. Aquella noche, 23 muchachos fueron asesinados por un comando armado cuyo objetivo aún no es muy claro pero que muchos han interpretado como una acción del narcotráfico para arrebatarles sus hijos a las familias pudientes de Medellín.

Dos años más tarde, Vivir en El Poblado registró el nacimiento de Semillas de Vida, una idea que surgió para conmemorar la vida de esos jóvenes asesinados y llevar un mensaje de perdón: “No guardamos rencor, el resentimiento ya mucho dolor nos causó”. El 27 de junio de 1992 hubo misa y un acto simbólico en la casafinca en la que fueron sembrados “tantos árboles como víctimas hubo aquella noche”. A la fecha, el lugar de la tragedia lo ocupan una serie de urbanizaciones residenciales.

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La Fundación Solidaria La Visitación fue otra iniciativa que surgió para darle sentido a las muertes a través de obras de beneficio social. “No fue más fácil a la comunidad de El Poblado, acompañada por la parroquia de La Visitación, salir como la Fundación Solidaria para pasar a la otra orilla social de la ciudad en el momento más crucial de la historia reciente del país, cuando la violencia había golpeado familias de El Poblado, en una masacre de jóvenes en el bar Oporto”, escribió el padre Emilio Betancur Múnera, líder espiritual y social de El Poblado.

La violencia de los noventa es parte de una historia que comenzó décadas atrás, pero que creció con furia en los ochenta, que fueron los años de la barbarie de Pablo Escobar. En el Parque Memorial Inflexión, en losas de mármol negro, hay tallados 172 hechos violentos ocurridos a partir de 1984. En esa cronología se destaca 1989 como el año con el mayor número de atentados.

Varios de esos terribles sucesos ocurrieron en El Poblado y no es difícil encontrar residentes que recuerden esos años con angustia. El médico Jaime Aristizábal, quien ha vivido en El Poblado por más de 40 años, no duda en afirmar que sus hijos crecieron en el encierro, pues en su casa no se salía después de las siete de la noche. “Las salidas se redujeron a los centros comerciales y a actividades diurnas porque nos tocó una época en la que en cualquier momento explotaba una bomba”, recuerda.

Teresita Pérez, otra vecina de Lalinde, también tiene su recuerdo traumático y dice que su hermana Blanca hoy en día no puede escuchar el ruido de las motocicletas ni el de la pólvora, porque todo le suena a bombas.

Esa percepción de inseguridad y sentimiento de constante peligro afectó al comercio, especialmente a aquellos dedicados al esparcimiento nocturno. En diciembre de 1992 registramos una noticia sobre el surgimiento de Medellín Amable, una iniciativa con la que se esperaban reactivar los negocios del sector de Las Palmas, víctimas de la reducción en las ventas debido a la situación de orden público. Vale recordar que el 4 de agosto de ese mismo año había estallado una bomba en inmediaciones del centro comercial Monterrey, que hirió a ocho personas.

La violencia no terminó con la muerte de Escobar en diciembre de 1993. El 10 de enero de 2001 explotó un carrobomba en el centro comercial El Tesoro, que acabó con la vida de cinco personas y por lo menos 76 heridos; unos meses después, el 17 de mayo, otro carrobomba con 60 kilos de dinamita explotó en el Parque Lleras, causando la muerte de ocho personas y 144 heridos.

Es posible que la violencia nos aferre aún más a la vida. Una página abierta nos dejó varias frases de las cuales destacamos esta: “Por la sangre derramada, por las lágrimas injustamente robadas, por las vidas irrespetadas, porque los que creemos, queremos y amamos somos más, porque esto no quede impune y nunca lo olvidemos… Medellín, te amo”.

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