Las redes sociales y el miedo

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Las redes sociales complacen nuestra tendencia a buscar y recibir solo lo que refuerza nuestros sesgos iniciales.

El principal protagonista de las elecciones que acaban de terminar en USA fue el miedo (bueno, si acaso la palabra “terminar” aplica). Y el principal protagonista de las que vienen en Colombia, en solo 18 meses, será el miedo. El miedo estimulado y aumentado por las redes sociales.

Ya no esperamos el siguiente ciclo electoral con la expectativa de que triunfen las ideas y programas de los que nos sentimos partidarios. Se le antepone el miedo por el terrible futuro que nos espera si triunfan los del otro lado. En consecuencia, votamos básicamente para impedir que quien denominamos “el enemigo”, que ya no el “contendor”, se tome finalmente el poder.

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Enemigo que, gracias a su agenda extrema, seguro cambiará de manera radical e irreversible el país entero.

Eso piensa el 80% de los republicanos en USA: que Biden, el presidente electo, es un títere de lo más extremo del ala izquierda de su partido demócrata. Que pronto impondrá el socialismo y terminará con las libertades individuales que a los blancos de ese país tanto le ha costado construir.

Esa fue exactamente la motivación más importante para pasar por alto las evidentes deficiencias de Trump como presidente: se sentían, estimulados por sus redes sociales y ciertas cadenas de TV, cumpliendo con el patriótico deber de proteger a su país de la inminente destrucción.

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Y en cuanto a Colombia, una parte significativa de la opinión está convencida de que en 2022 Petro se convertirá en el próximo presidente. Y que no dudará en acabar con la propiedad privada. Incluso, se está promoviendo en diferentes ciudades un seguro contra la eventual expropiación de bienes que sobrevendría.

De otro lado, los que planean desde ya su voto por Petro, lo hacen convencidos de que es lo más patriótico y sensato que pueden hacer: Como “las élites” han estado en el poder toda la vida, son responsables de los males que nos aquejan. Por lo tanto hay que reemplazarlos y cualquiera que suba lo hará mejor.

Y, ¿de dónde sale tanta convicción? De Internet, por supuesto. Se impone la tendencia a buscar y recibir solo lo que refuerza nuestros sesgos iniciales, por más extremos o equivocados que parezcan.

Es inevitable gravitar hacia los websites o redes pobladas por gente que siente y piensa parecido, y que nos digan todo el tiempo que estamos en lo correcto, en especial si tenemos tendencia a odiar a nuestro contradictor.

Esos sitios nos permiten validar lo perversos e irracionales que son nuestros enemigos, quienes, a su vez, no tienen duda sobre nuestra propia perversidad e irracionalidad.
Las redes nos separan. Cada vez más, en un proceso que parece irreversible.

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