Nuestro propio Acuerdo de París

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El cambio climático es nuestra otra pandemia, y requiere del trabajo conjunto de todos los habitantes del planeta, en todas las escalas posibles.

Enero 20 de 2021, 5:35 de la tarde. En el Salón Oval de la Casa Blanca, el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se dispone, frente a las cámaras, a reversar cuatro años de trumpetazos. En el escritorio, 17 carpetas de color verde y una lujosa caja de plumas. La tercera orden ejecutiva que firma es crucial: el regreso de su país al Acuerdo Ambiental de París. Y el mundo entero respira con alivio.

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El Acuerdo de París es el esfuerzo multilateral más importante del planeta para combatir el cambio climático.

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Entró en vigor el 4 de noviembre de 2016, pero el expresidente Donald Trump, al inicio de su mandato, decidió retirar a Estados Unidos del pacto, argumentando que sus compromisos le costarían una gran pérdida de empleos. 189 países del mundo han firmado este Acuerdo, pero, sin la presencia de EEUU, la segunda nación más contaminante del mundo -después de China-, sus propósitos podrían convertirse en un canto a la bandera.

Al iniciar el retador 2021, quisimos dedicar nuestra edición 800 a este tema esencial: una muestra de grandes, medianas y pequeñas acciones, que, unidas, pueden generar grandes cambios.

Cuando bajen la angustia y los efectos de la pandemia entraremos en esa otra resaca: los efectos del cambio climático. Al iniciar el retador 2021, quisimos dedicar nuestra edición 800 a este tema esencial: una muestra de grandes, medianas y pequeñas acciones, que, unidas, pueden generar grandes cambios. Hablamos de proyectos gubernamentales y empresariales que generan impacto en el entorno público, pero también de emprendimientos e iniciativas personales, que no solo transforman su contexto cercano, sino que inspiran a otros.

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Destacamos en esta edición, por ejemplo, la decisión de EPM de recuperar el bosque nativo en la cuenca de Piedras Blancas; la unión del sector público y privado en la creación del proyecto Biosuroeste; la gestión social de la empresa Postobón en apoyo a los recicladores; la gran inversión de la Universidad EIA en el montaje de una planta de energía solar fotovoltaica, y los 1,4 millones de árboles nativos sembrados por Celsia el año pasado, como parte de su responsabilidad empresarial. Y, en otra escala, damos a conocer la historia del ingeniero que construyó una vivienda autosostenible, así como la de un grupo de emprendedores que se han esforzado en generar eco-empresas, y no han sucumbido en el intento.

Así como el COVID19 nos recordó lo vulnerables que somos, el planeta nos reclama el cambio, y nos recuerda que el cuidado del ambiente es una construcción colectiva, y que cada cual debe poner su grano de arena. O su roca, como lo acaba de hacer el nuevo presidente de los Estados Unidos.

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