En defensa del optimismo

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La vacuna aplicada a la británica Margaret Keenan marcó el Día V, el inicio del fin de la pandemia. ¿Podemos rescatar el optimismo?

Finaliza este atípico 2020, y es hora de armar nuestro inventario personal. ¿Qué recordaremos del año de la pandemia, cuando “dar positivo” era negativo? Miedo, coronavirus, cuarentena. Sonrisas escondidas tras el tapabocas, saludos codo a codo. Trapos rojos y pregoneros (qué dolor).

Todo pasa, y es probable que, en unos años, la imagen del 2020 grabada en la memoria colectiva sea otra: la británica Margaret Keenan, sentada, recibiendo la vacuna. El tapabocas no nos dejó ver su sonrisa, que la tenía; sus ojos chispeantes miraban con esperanza a toda la humanidad. Margaret, 90 años, camiseta azul con letrero Merry Christmas, fue la primera persona en el Reino Unido, y en el mundo, en recibir la vacuna de Pfizer y BioNTech contra el COVID-19.

Los británicos bautizaron este hito como el Día V, en una clara alusión al Día D, el inicio del fin de la Segunda Guerra Mundial. El simbolismo es fascinante: el Día D, 6 de junio de 1944, las fuerzas aliadas atacaron a las tropas de la Alemania nazi en la costa de Francia, en la mayor operación de la historia militar. Este 7 de diciembre, así lo esperamos todos, será el inicio del fin de la pandemia, que ha requerido algo similar al desembarco de Normandía: la mayor operación científica conjunta de la historia.

Y no se trata de un optimismo iluso o irracional. Es el optimismo basado en el conocimiento de la realidad y la confianza en la ciencia.

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Todavía falta mucho, es cierto: destinar una ingente cantidad de recursos e invertir esfuerzos logísticos enormes. Pero ¿quién dijo que podía ser fácil semejante empresa? Después del Día D, recordemos, pasaron 433 días y dos bombas atómicas antes de terminar la Segunda Guerra Mundial. Es de esperar que, en este caso, no aplique el símil: la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, en sus siglas en inglés) aprobó ya el uso de emergencia de la vacuna de Pfizer y de Moderna. Y haciendo fila, muy cerquita, están las de la Universidad de Oxford, AstraZeneca, Sanofi/GlaxoSmithKline y Johnson & Johnson.

En este fin de año, entonces, es propicio ejercer el optimismo. Y no se trata de un optimismo iluso o irracional. Es el optimismo basado en el conocimiento de la realidad y la confianza en la ciencia. El optimismo que promulga Steven Pinker, filósofo y lingüista canadiense, quien se considera “un posibilista serio”: “No es cuestión de ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino de datos”. O el “optimismo inteligente”, de la corriente del sicólogo estadounidense Martin Seligman. O el “optimismo racional” que promueve Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, en contraposición del “optimismo utópico”.

No es fácil sacar fuerzas este fin de año para ser positivo (“ser”, no “dar”). Es una decisión consciente; una postura ante la vida, si se quiere. Ante las dudas, recordemos la alegría de Margaret Keenan, que hoy está celebrando la navidad y su cumpleaños número 91.

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