Prevención del Alzheimer (3)

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Entre las estrategias preventivas del Alzheimer se encuentran manejar una sana percepción del mundo, que incluya contactos con la naturaleza, y la alternancia sana entre actividad mental y quietud.

El Dr. Bredesen1 demuestra que el deterioro cognitivo que conduce al Alzheimer es causado por tres amenazas cerebrales: la inflamación -que siendo un mecanismo normal, sobrepasa sus límites y se torna crónica-, la carencia de nutrientes para el cerebro y la exposición a sustancias tóxicas. El Alzheimer es una reacción protectora del organismo frente a estas tres amenazas y surge a partir de un programa sano de mantenimiento cerebral, desbocado.

Las dos primeras amenazas están ligadas al metabolismo, que a su vez depende del movimiento, de la dieta, del nivel de estrés. Así que la salud cerebral está muy relacionada con la salud general, con los hábitos. A la hora de prevenir el Alzheimer existen claves científicas para empezar a trabajar.

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Una manera de evitar la inflamación crónica es el movimiento: físico y anímico (arte, encuentros humanos). Otra es la alimentación: los procesos metabólicos asociados al consumo de azúcar y harina de trigo, afectan el metabolismo neuronal y favorecen la inflamación.

La mitad de los casos de Alzheimer en el mundo está asociada a siete factores de riesgo que pueden prevenirse: tabaco, sedentarismo, escasa actividad mental, hipertensión, diabetes, obesidad y depresión. Según una revisión publicada en Lancet Neurology2, si reducimos estos factores, evitamos un gran número de casos. Los resultados que se desprenden de este trabajo “sugieren que simples cambios en el estilo de vida, tales como dejar de fumar y practicar deporte, pueden tener un tremendo impacto en la prevención del Alzheimer y otras demencias”, afirma D. Barnes, profesora de Psiquiatría en la U. de California.

En la concepción del ser humano que se apoya en la antroposofía, el Alzheimer es una enfermedad degenerativa del polo neurosensorial humano, con una clara tendencia esclerosante. La destrucción del tejido nervioso de las neuronas acerca el cerebro humano al reino mineral, dañando neuronas, especialmente en el hipocampo. La formación de marañas en las redes y el depósito de placas de amiloide en el cerebro son la expresión física del proceso desvitalizante y endurecedor, proceso que una vez instalado tiene pocas opciones de retorno. Así que el camino es la prevención, aun en los casos de origen genético (entre 1 y 3%).

Podemos sintetizar las estrategias preventivas en tres aspectos. En el polo de la cabeza: una sana percepción del mundo, que incluya contactos con la naturaleza. Alternancia sana entre actividad mental y quietud. Entre sueño y vigilia. Meditación. En el tórax (sistema rítmico): ritmos vitales adecuados. Ritmos de comida. Horarios de acostada y levantada. Ejercicios respiratorios. Yoga. Tocar un instrumento, hacer arte, tejer. En el sistema metabólico-motor: actividad física periódica (mínimo 150 minutos a la semana).

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Evacuación intestinal diaria. Alimentación sin azúcar refinado, sin harina de trigo, sin leche ni lácteos dulces. Evitar tóxicos: mercurio en el pescado, colorantes, agroquímicos. Comer más frutas y vegetales. Mantener los niveles de vitaminas B12 y D, magnesio y zinc. Evitar las estatinas. Comer grasas de buena calidad que nutren el cerebro: aguacate, aceite de oliva, aceite de coco, nueces.

1 “El Fin del Alzheimer”. Ed Grijalbo 2018
2 www.thelancet.com/journals/laneur/issue/current

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