Adiós al mecato criollo
De la edición impresa (Edición 322)
Durante mis años de joven revolucionaria fui muy recatada en la utilización del término “imperialismo”, termino que se le endilgaba a toda acción proveniente del Norte asumida entre nosotros bien por la vía de la alienación, bien por la vía de la imposición. Hoy el imperialismo ha caído en desuso lingüístico, pero eufemísticamente hablando su homólogo es “globalización”, el cual se utiliza indistintamente por mentes parlantes de izquierda y de derecha sin ninguna frontera conceptual para su utilización. En otras palabras la globalización se metió en todas partes, y nuestra cocina, y más aún nuestros hábitos alimentarios, están sufriendo sus embates. Sin lugar a dudas -y sobre todo en el último siglo- las aspectos culturales que determinan los cambios generacionales siempre se han materializado de manera contundente en asuntos tales como el vestido, la música, el lenguaje y la sexualidad; pero es desde mediados del siglo 20 que un osado cuarteto de recetas foráneas empieza a abrir la brecha conducente al desarraigo de nuestro mecato criollo: sán-duche, perro caliente, hamburguesa y pizza, las cuales en un principio son recibidas con honores, pero con el correr del tiempo y sin proponérselo se convierten en las responsables de una alienación gastronómica que hoy tiende a borrar completamente las raíces de nuestro fogón.