La cresta de una ola me zapateó en la nuca, y el éter me hamacó sin apuro, un algodonoso cúmulo de constelaciones y galaxias. Cerré los ojos y oí a Faulkner, dios hecho hombre. “Joder...
/ Esteban Carlos Mejía Su escritura tiene duende, como decía Federico García Lorca: el duende de la originalidad y la consistencia narrativa, la independencia espiritual de un creador sin...
En julio, Sílaba Editores publicó Momentos, de Nora Arango Díez, Norrita del corazón. Es una colección de 44 relatos cortos sobre situaciones cotidianas, al alcance de cualquiera, narradas con sencillez, sin enredos, tal cual pasaron
/ Esteban Carlos Mejía Después y antes de Dios es una novela sobre el asesinato de una matrona por su propia hija, la fuga de la asesina junto con Bibiana, su joven amante, el posterior...
/ Esteban Carlos Mejía Aldemarcito lanzó una bomba lacrimógena en forma de libro, un escandaloso análisis de la vida, pasión y resurrección de las mujeres de Pereira que escudriña los vericuetos de la Perla...
Pablo Rolando Arango, magíster en Filosofía de la Universidad de Caldas, escritor de “piezas sin género”, publicó en abril Borrachos grecocaldenses: un libro chiquito en la forma y grande en el contenido
/ Esteban Carlos Mejía Ambientada en Río de Janeiro, está narrada con desparpajo casi procaz por el escritor Gustavo Flavio, mulato gordo, pedante e insufrible, sátiro y hambrón, cuyo seudónimo es homenaje a Gustave Flaubert
/ Esteban Carlos Mejía Otro golazo de Juan Diego Mejía y su equipo de trabajo, con el apoyo de Amalia Londoño Duque, secretaria de Cultura Ciudadana. Al César, lo que es del César
/ Esteban Carlos Mejía Pegados al televisor, desorientados, sin imaginación, rústicos, pensando en vacas y bestias. O, quién quita, rezanderos, cándidos, prósperos y borregos, de...
/ Esteban Carlos Mejía Eres astuto. Rápido, gatillo veloz. Precavido y desvergonzado al mismo tiempo. Con simpatía y cinismo. Intrépido. Sentimental. Capaz de atravesar medio valle de Aburrá para conseguir y entregar tu droga
/ Esteban Carlos Mejía La curiosidad me dañó el tinto. Leí por encima del hombro: imposible: una tipografía demasiado chiquita para mi voyerismo. Se volteó y me miró con desconfianza. No tenía ni...
/ Esteban Carlos Mejía ¿A quién le lees tú? ¿A tus hijos chiquitos? ¿Has notado que cuando cierras el libro ellos abren los ojos? Sus cabecitas fantasean hasta que la oscuridad los obnubila....
/ Esteban Carlos Mejía A mi abuela, mamá Julia, el cura confesor de San Jerónimo de los Cedros le prohibía, bajo pena de condenarse a la gehena, que leyera María, de Jorge Isaacs...
/ Esteban Carlos Mejía Con la boca hecha agua, pregonan que ya nadie lee como ellos leían cuando eran muchachos. “Los jóvenes de hoy no leen nada”, se indignan. “Y lo poco que...
/ Esteban Carlos Mejía Si leer nos hace mejores, ¿entonces para qué leer a Henry Miller o a Charles Bukowski, sujetos que sólo quieren follarse a las mujeres de este mundo lleno de...
/ Esteban Carlos Mejía Conan Doyle fue médico y oftalmólogo, espiritista y francmasón, jugador de rugby y golf, boxeador y grafómano. Parece que no tuvo muchos pacientes. En 1887, a los 28 años...
/ Esteban Carlos Mejía ¿Para qué leemos? Para aprender, gozar, odiar y amar, rabiar, olvidar. Leemos para ser letraheridos. Para dejar de ser lo que somos, fantasear o navegar por entre las nubes...
/ Esteban Carlos Mejía Propongo a Vargas Llosa y me regañan porque, a sus 80 años, viagra de por medio, anda en la cama con Isabel Preysler. Pero yo qué puedo hacer. Insinúo...
Conozco un taxista que cuando le cae un semáforo en rojo coge su libro de turno, y se pone a leer hasta que, pasados unos hijueputésimos de segundo, los carros...