Museo de Antioquia: iniciando la celebración de sus 140 años

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140 años del Museo de Antioquia, 50 años de la colección de arte del Museo de la UdeA, 40 años de la IV Bienal de Arte, 40 años del Encuentro de Arte no objetual del MAMM. Tiempo de celebrar los museos.

El 29 de noviembre de 1881 se fundó la institución que actualmente conocemos como Museo de Antioquia, gracias a los esfuerzos de muchas personas como Manuel Uribe Ángel, Martín Gómez y Antonio José (Ñito) Restrepo. Son 140 años de esfuerzos, de colaboración, de solidaridad ciudadana, de dificultades a veces casi insalvables, y de logros indiscutibles.

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No es necesario insistir en que la situación que el mundo entero ha vivido a lo largo del último año, unida a la conciencia de que, quizá, todavía falta un largo y difícil camino por recorrer, ha significado una profunda crisis para muchas instituciones del sector cultural, dentro de las cuales algunas de las más golpeadas han sido los teatros, las salas de cine, los conciertos, las galerías de arte y, por supuesto, los museos.

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Los museos más grandes y poderosos del mundo no solo han debido cerrar sus puertas durante muchos meses a los visitantes que, en todos los casos, son la fuente fundamental de su financiación, sino que han llegado incluso a la situación antes inimaginable de pensar en la venta de algunas piezas de sus colecciones históricas.

Por supuesto, los museos han sabido reinventarse a través de una abundante oferta de visitas virtuales. Todos podemos decir que no es lo mismo ver un cuadro o una escultura en directo que verla en la pantalla del computador; claro, es cierto.

Pero seguramente también es cierto que, de esa manera, los museos siguen vivos y que nos hemos hecho conscientes de que nunca como ahora la vida de los museos depende de nuestro apoyo y participación.

El Museo de la Universidad de Antioquia
El Museo de la Universidad de Antioquia celebra también algo importante en este 2021: 50 años del inicio de su colección de arte. Foto tomada del recorrido virtual que ofrece el museo en udea.edu.co.

Pero, además de los 140 años del Museo de Antioquia, en estos meses pueden recordarse muchos otros acontecimientos que vienen a demostrarnos que los museos constituyen en la actualidad el núcleo fundamental del mundo del arte: 50 años de la colección de arte del Museo de la Universidad de Antioquia, 40 años de la IV Bienal de Arte, 40 años del Encuentro de Arte no objetual del MAMM.

Para contribuir, en la medida de lo posible, a mantener viva la presencia de nuestros museos, Vivir en el Poblado dedica las portadas de estos meses a obras escogidas por ellos.

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El Museo de Antioquia ha querido presentar piezas procedentes de su Colección Fundacional, que estuvieron presentes en la creación misma de este proyecto cultural. Se reivindican así los orígenes del Museo, pero se hace patente también una de las características propias de las instituciones museales: un museo no solo presenta obras, sino que, en última instancia, se presenta a sí mismo y nos ofrece una interpretación de su historia y de la historia regional y local, a través del manejo e interrelación de las piezas de su colección. Una historia que va más allá de las obras o de una concepción cerrada de la historia del arte, y, sin dejar de lado la dimensión estética, descubre a través de esa dimensión perspectivas culturales, sociales y políticas.

“El hacha del crimen del Aguacatal” es una pieza que, a partir de su aparente anonimato, plantea múltiples cuestiones y problemas. Es el arma con la cual se cometió una masacre atroz en Medellín, en 1873; quizá nos resulte extraño que forme parte del Museo. Como se dijo, “El hacha del crimen del Aguacatal” ha estado desde el comienzo en el Museo de Antioquia, lo que viene a recordarnos que estamos frente a una institución que ha afirmado siempre su doble carácter histórico y artístico. Quizá muchos vieron la presencia del hacha en la Colección Fundacional como un hecho anecdótico, dentro de esa especie de “gabinete de curiosidades” que entonces constituía el punto de partida de la mayor parte de los museos.

Hoy, sin embargo, expuesta en el Museo y presente en la portada de Vivir en el Poblado, nos habla de una historia dramática de violencia e intolerancia y nos invita a pensar en el presente.

Por: Carlos Arturo Fernández

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