Innegociables

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Los derechos de las mujeres son derechos humanos y, por lo tanto, son innegociables. Nos urge una mirada política que supere el femenino como un mero producto del marketing.

En un principio quise creer que eran respuestas distraídas; pero, con el pasar del tiempo ratifiqué que estaban hechas de dientes y de garras, que eran respuestas reales, combativas y, lo peor de todo, históricas: cuando hablamos de los derechos de las mujeres, según los políticos en Colombia, se puede negociar.

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Durante las últimas semanas lo hemos vivido con fuerza en Colombia. Como bien lo recordó una querida amiga, Angie Palacio, en su cuenta de Twitter:
“No negociamos con fascistas, no negociamos con racistas…”

  • ¿Y con machistas?
  • “Hay que conversar con los que piensan distinto”.
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La Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa en su primer artículo: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y consciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Lo obvio por obvio se obvia, siempre vale la pena recordarlo.

¿Es entonces una violación negociable?, ¿es pensar distinto golpear a una mujer casi hasta matarla?, ¿obedece a un sentido de libertad creer que hay seres humanos superiores a otros? Insisto: los derechos de las mujeres son derechos humanos, por lo tanto, son innegociables.

Vamos a repasar algunas cifras, dolorosas, de las que muchas hemos sido víctimas y por las cuales siempre vale la pena provocar, las veces que sea necesario, esta conversación. En Colombia, 7 de cada 10 mujeres hemos sido víctimas de alguna clase de violencia. Durante 2021 los feminicidios han aumentado en un 8.8 por ciento y a diario unas 60 niñas son víctimas de violación. Todo esto sin contar el misterioso subregistro.

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En temporada electoral nos urge tener conversaciones y reflexiones sobre nuestros derechos como mujeres, como seres humanos. Nos urge exigirles a los gobernantes conversaciones no solo serias, también coherentes y compasivas con lo que respecta a nosotras. Es urgente que comprendamos que hay escenarios que, sencillamente, exigen del camino de la justicia, sabia. De una justicia capaz de leer hechos y derechos por encima de conversaciones “perdonables” entre amigos.

¿Y nosotras? Tendremos el reto de superar el video emotivo y feminista que hace una agencia de publicidad para hacernos creer que les importamos. Tendremos el reto de desafiar nuestras propias creencias, incluyendo aquellas que empujadas por el deseo masculino hemos llamado “sabiduría ancestral”. Tendremos que resultar molestas una y mil veces más. Nos sacarán de grupos de mujeres y seguiremos siendo excluidas de grupos de hombres. Pero, seguiremos ciegas, con la espada de la justicia en la mano, buscando en este velorio todo lo que ya está muerto.

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