¿Se puede ser emprendedor sin ideas? ¡Se puede!

Gregorio Londoño citymanager de la firma Aflore
Los emprendedores se angustian porque les falta capital. Es una constante. Pero Gregorio lo ve de otra manera, inspirado en los gurús del sector: “la plata tiene que venir del mercado, no de uno”.

Recorrido de Vivir en El Poblado por el mundo startup. Una página para inspirarse y para conectarse. Disruptivos con cuento. Y con caja.

Hoy: la historia de Gregorio Londoño.

Se siente parte de una especie diferente de emprendedores y no es que no haya intentado la manera clásica, no es que no haya puesto cabeza y números: la especie de los emprendedores sin ideas. ¿Lo reta, lo frustra, tal vez lo avergüenza? No. Se ríe y responde: “me han gustado más las ideas de otros y les he gustado como socio. La ejecución también es clave”. Lo toma con frescura.

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“Más que enamorarse de una idea, hay que preguntarse si el mercado quiere lo que uno ofrece; si el producto o servicio resuelven el problema de alguien. Los recursos de un emprendedor suelen ser escasos y hay que cuidarlos”.

Es Gregorio Londoño, nieto de Mario Soto, el fundador de la empresa Cipa, hace 56 años, a quien considera inspirador y “superhéroe”. Hoy es citymanager de la firma Aflore, donde es empleado y ha tenido la tarea de emprender.

El superhéroe que encendió la chispa

A su abuelo lo recuerda como un hombre ganador, que no terminó el colegio, que tuvo que trabajar desde niño, que consiguió metas empresariales. Lo veía como generador de negocios y de empleo. “Lo tomé como modelo e idealicé el emprendimiento”, recuerda.

En la universidad, Gregorio se vinculó al programa del BID Jóvenes con empresas, como consecuencia de ese ideal. Pero se ganó la práctica en Procter & Gamble, nueve cupos entre 12.000 aspirantes, y descubrió las ventajas de ser empleado. Ventajas que ratificó en Disandina, Invamer y Noel.

Después fue invitado como socio de Vatium, una startup de la publicidad B2B, luego a Insumos del Agro, una empresa familiar, y ahora a Aflore, “una comunidad de personas juiciosas con el dinero que ayudamos a familiares y amigos a lograr sus metas con créditos como entre amigos”. Y en las tres experiencias, Gregorio encuentra un punto en común: el emprendimiento sin ideas. “Ya todo estaba estructurado, puse mi capacidad de ejecución”. Creó líneas de negocio, también enfrentó la decisión de dar tiempos de espera, hasta conseguir con Insumos del Agro, después de cuatro años de búsquedas, éxitos en la venta de productos para mascotas por catálogo, o de abandonar, como le ocurrió con un e-commerce “que tuvimos que cerrar a los seis meses”.

Oportunidades para todos

Desde finales de enero se mueve en el sector financiero, donde dan créditos “fáciles, personalizados y sin letra chiquita”, así se presenta Aflore y así lo explica Gregorio: “apoyamos a quienes nadie les quiere prestar”. En cerca de cinco años han desembolsado mil créditos, “una forma de que la gente se genere bienestar”, valora.

Gregorio comparte dos claves para que sus pares del emprendimiento escalen a la categoría casos de éxito. Una es “más que enamorarse de una idea, hay que preguntarse si el mercado quiere lo que uno ofrece”. Los recursos de un emprendedor suelen ser escasos “y hay que cuidarlos”.

Y la otra clave: “hay que cerrar la brecha entre emprendedores e inversionistas. Hemos crecido, pero todavía hace falta que unos y otros se conozcan”.

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