Comenzó un nuevo Gobierno en Colombia y, más allá de las diferencias políticas, de las discusiones que seguramente tendremos durante los próximos cuatro años y de las decisiones que vendrán, hay algo que creo que todos deberíamos desear:
Que le vaya bien.
Porque cuando a un Gobierno le va bien, Colombia avanza y nos va bien a todos.
Eso no significa dejar de exigir. Al contrario, significa acompañar, cuestionar, proponer y hacer seguimiento. Significa generar condiciones para invertir, emprender y trabajar, fortalecer la seguridad, reducir las barreras para hacer empresa y construir un Estado eficiente.
El nuevo Gobierno tiene por delante 1.460 días; nosotros tenemos cada mañana.
Todos los días millones de colombianos nos levantamos temprano. Unos abren negocios, otros van a estudiar, construyen empresas, inventan productos o intentan conseguir un cliente más. Y si no funciona, lo vuelven a intentar.
Eso también construye país.
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Durante años hemos hablado de cuántos emprendedores creamos, cuántas personas capacitamos, cuántas convocatorias abrimos o cuánto capital semilla entregamos. Todo eso es importante, pero también deberíamos preguntarnos:
¿Quién les va a comprar?
Porque un emprendedor no crea una empresa para ganar una convocatoria. La crea para generarle valor a un mercado. Pero este debe existir, porque sin ventas no crecen las empresas.
Las grandes empresas tienen capacidades y los emprendedores tienen soluciones. Lo que muchas veces falta es articulación para conectar esas capacidades con acceso a mercados. Y ojo, no todo emprendedor está listo para venderle a una gran empresa.
La innovación abierta dejó de ser un concepto atractivo para convertirse en una necesidad competitiva. El más reciente informe de 100 Open Startups Colombia, desarrollado junto con Connect, muestra que las conexiones entre startups y corporativos ya han generado más de US$167 millones en oportunidades de negocio. Esa cifra demuestra que cuando las grandes organizaciones invierten en innovación, las empresas innovan más rápido, las startups escalan y el país gana productividad.
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Medellín ha construido durante años una capacidad extraordinaria para conectar universidades, empresas, emprendedores, inversionistas y sector público. Tenemos problemas, sí. Pero también talento, conocimiento, capital y una cultura empresarial que puede convertirse en una ventaja competitiva para Colombia.
Este 18 y 19 de agosto Medellín volverá a demostrar que esa dinámica ya no es una teoría. Conexión Summit reunirá en Plaza Mayor a más de 80 grandes empresas que le abren la puerta a más de 1.000 emprendedores con una idea muy simple: generar negocios.
El año pasado se realizaron más de 3.000 reuniones entre startups y corporativos. Detrás de cada una había la posibilidad de una alianza estratégica, un piloto o un nuevo cliente.
Durante años celebramos cuántas empresas creábamos. Creo que llegó el momento de empezar a celebrar cuántas logramos hacer crecer, cuántas consiguieron su primer cliente, aumentaron sus ventas, comenzaron a exportar y generaron empleo de calidad.
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El Gobierno debe crear las condiciones para que eso ocurra: facilitar la inversión, abrir mercados, reducir barreras y convertir al Estado en un impulsor de la innovación. Pero el desarrollo de un país nunca ha dependido exclusivamente de un gobierno. También depende de empresarios dispuestos a comprarles a startups, de universidades que conecten el conocimiento con la empresa, de inversionistas que apuesten por el talento local y de emprendedores que entiendan que innovar no es solo tener una buena idea, sino construir una solución por la que alguien esté dispuesto a pagar.
El Gobierno tiene 1.460 días para dejar su legado y nosotros tenemos una oportunidad cada mañana.
Los países no cambian cuando crean más programas. Cambian cuando crean más oportunidades. Y la mejor política de emprendimiento será siempre aquella que logre que más empresas encuentren clientes, crezcan y generen prosperidad.




