Una de las cosas que mas me gusta hacer es conversar con emprendedores, y hace poco conversaba con uno muy amigo que tiene una startup ya facturando, un equipo que cree en él, y que desde afuera todo se ve bien. Y me dijo algo que hemos normalizado: “Llevo dos años sin dormir bien”.
Un estudio de la UC Berkeley, liderado por el psiquiatra Michael Freeman, encontró que el 72 % de los emprendedores está afectado por algún problema de salud mental, ya sea propio o en su familia cercana; el 49 % tiene al menos una condición clínica diagnosticable, el 81 % ni siquiera le a sus propios cofundadores y aun así, el 77 % no busca ayuda.
Seguimos construyendo el discurso del emprendedor como superhéroe: resiliente, optimista e incansable. Y en ese cuento hay mucha motivación genuina, pero también hay mucho silencio que cuesta caro.
Aquí en Colombia el contraste duele más. El estudio GUESSS 2023-2024, con más de 13.000 estudiantes encuestados de 30 universidades, muestra que el 28,8 % de los universitarios colombianos planea crear empresa al graduarse, casi doblando el promedio mundial.
Somos, de lejos, uno de los países con mayor vocación emprendedora del planeta y también somos un país donde el 67 % de los emprendimientos no sobrevive los primeros cinco años, el 66,3 % de los colombianos ha enfrentado algún problema de salud mental según el Ministerio de Salud y los gobiernos de la región destinan apenas el 2 % del presupuesto de salud a salud mental.
El BID Lab publicó hace poco el informe El Factor Invisible, uno de los estudios más completos sobre bienestar en emprendedores de alto impacto en América Latina. Los resultados son directos: 6 de cada 10 founders presentan burnout moderado, uno de cada 5, burnout severo, el principal síntoma de estrés no es el mercado ni la competencia, es la presión financiera como su mayor fuente de agotamiento.
Y detrás de esa presión hay algo que pocas veces nombramos esa soledad del liderazgo.
Cuando eres el fundador, no puedes mostrar miedo frente al equipo, no puedes dudar frente al inversionista y no puedes quebrarte frente al cliente, porque a carga emocional no desaparece, pero si se acumula.
Muchas de las conversaciones son de ecosistemas, de tasas de conversión, de ARR y de escalabilidad, y esas conversaciones son necesarias. Pero si no hablamos también de lo que le pasa adentro a la persona que está construyendo, estamos ignorando la mitad del problema.
Alianza 4U – Universidad EAFIT, la Universidad del Norte, CESA e ICESI – recientemente lanzaron el estudio nacional de salud mental en universitarios colombianos con datos de más de 1.200 estudiantes encuestados, donde el 40,3 % presentó síntomas de depresión moderada o severa. El 26,3 % tiene ansiedad moderada o grave. Son los mismos jóvenes que en otro estudio dicen que quieren crear empresa, los que van a enfrentar la incertidumbre, el fracaso, la presión y la soledad de fundar algo desde cero.
Creo profundamente en el emprendimiento como motor de transformación, de empleo y de futuro. Pero justamente por eso no podemos romantizarlo hasta volverlo irreconocible.
El emprendimiento que de verdad transforma no es el del pitch perfecto ni el del fundador que nunca duda. Es el de la persona que conoce sus límites, que pide ayuda cuando la necesita, que entiende que cuidarse no es una señal de debilidad sino una condición para sostenerse en el largo plazo.
El ecosistema que queremos construir tiene que incluir esa conversación, no como un taller de bienestar corporativo al final de un evento, sino como parte estructural de cómo formamos, acompañamos y medimos a los emprendedores.
Porque si queremos empresas sostenibles, primero necesitamos fundadores que lo sean.





