El peligro de las ideas fijas

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Por estos días donde confundimos política con ausencia de movimiento vale la pena preguntarse por las diferencias entre los acuerdos que construimos como sociedades y la libertad y el derecho a la contradicción. 

Las ideas fijas son malas. Aristóteles, incluso, solía decir que eran peligrosas y atribuía dicha condición a la importancia del movimiento, del tiempo. Somos seres que se mueven y que en la medida en que estamos en un lugar y luego en otro, cambiamos. Esta idea aplica tanto para el ser como para el estar, la mente y el cuerpo. Arquímedes, quien se hizo famoso por explicar los sistemas de palancas, también posicionó una frase reconocida para la historia: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. La vida, en otras palabras, es movimiento. 

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Fijadas estas premisas, aparecen algunas preguntas muy pertinentes para la agitada Colombia electoral: ¿qué de bueno le vemos a la terquedad?, ¿por qué, si defendemos el debate, culpamos al otro cuando cambia de opinión o simplemente construye una diferente?, ¿en qué juego – o en el de quién – caemos cuando enraizamos posiciones al punto de la locura?, ¿sería mejor, como sociedad, acordar principios comunes en vez de ideas fijas? 

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Los estudiosos de las emociones nos han dicho que la terquedad aparece en nuestro cerebro cuando somos impulsados por la ira. Es esta emoción una de las responsables de que enraicemos posiciones y que no queramos movernos de un lugar a otro. Es esta emoción una de las que más presenciamos en el debate electoral de nuestro país. Es esta emoción la que ha dado paso a dictaduras y a tiranías. La buena noticia, es que puede trabajarse y, con paciencia, incluso transformarse.

En Comfama, empresa consciente para la cual trabajo, solemos decir frases como: “No siempre estoy de acuerdo conmigo mismo”. No fijamos puntos inamovibles porque, nos sabemos un organismo vivo y, por lo tanto, cambiante y mutante. Eso sí, tenemos muy claros nuestros principios, acuerdos y puntos de apoyo, como Arquímedes desde estos puntos movemos el mundo. 

Tal vez algunos ejemplos de comunidades, barrios, pueblos y de empresas que han conocido la posibilidad del acuerdo puedan inspirar a nuestros líderes en el camino de defender la diversidad de pensamiento, la diferencia entre personas y, por lo tanto, la posibilidad de tener ideas cambiantes. Líderes que nos digan que cada que nos caemos nos levantamos siendo una persona o una sociedad diferente y que comprendan que, para que existan el futuro y la esperanza, siempre ha de ser necesario soltarse de esa baranda cómoda que nos dan los pensamientos que parecen inamovibles. 

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Es nuestra responsabilidad, en las elecciones que se aproximan, elegir líderes que nunca se bañen en el mismo río, porque entienden que el agua fluye; votar por personas que promuevan conversaciones entre contrarios, porque son las que construyen; regalarles a las futuras generaciones la posibilidad de una Colombia donde los paisajes del movimiento, la imperfección y el cambio prolonguen la vida y no la guerra.

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