¿El Poblado es un barrio? ¿Es una comuna? ¿O, tal vez, una ciudad en sí misma, dentro de la gran metrópoli que es Medellín? Todas las anteriores.
Sea como sea, es fácil concluir que El Poblado es un archipiélago de microbarrios con personalidades completamente diferentes: Manila, con su vibra bohemia, destino primordial para turistas jóvenes; Astorga, muy caminable, combinando oficinas con gastronomía de alto nivel; Lalinde, de carácter residencial y tranquilo, pero cerca de todo; Provenza, con su abundante gastronomía y entretenimiento de clase mundial, pero que poco duerme desde hace más de 30 años.
Lea: ¡Bienvenido, Puerto Antioquia! (Claro que sí, pero…)
Y si seguimos, llegamos a Castropol, Patio Bonito, Alejandría, Los Balsos, San Lucas, Las Lomas, Poblado Centro… cada uno con su propio ecosistema, sus propias tensiones y, claro, su muy propia problemática.
Hasta la fecha los venimos administrando con poca diferenciación, como si El Poblado fuera un único ente homogéneo. Esto funciona -y debe seguir funcionando- para inversiones y políticas macro, que tienen que ser definidas e implementadas por la Alcaldía: servicios públicos, proyectos de infraestructura, impuestos, etc.
Sin embargo, hay muchos otros asuntos e iniciativas que requieren una gobernanza exclusiva, mucho más enfocada y diferenciada, para cada uno de los barrios. Y que precisan del liderazgo de entidades público-privadas, que ya están bien inventadas y ensayadas: los distritos creativos.
Lea todas las columnas de Juan Carlos Franco aquí.
Como ya se han implementado exitosamente en el Perpetuo Socorro, San Ignacio y Prado. Seguir administrando El Poblado, con su altísima diversidad, como si fuera un solo ente homogéneo, es perder oportunidades de crecimiento y mejoramiento de vida para quienes viven y trabajan en cada barrio.
¿Para qué sirve, entonces, un Distrito Creativo, o si se prefiere, ¿una Corporación de Barrio?
Para coordinar de manera local -pero siempre en concertación con la Alcaldía- lo que hoy se define de manera genérica y poco diferenciada: economía creativa y cultural, gestión del espacio público, seguridad inteligente, revitalización urbana y protección patrimonial, movilidad amable y accesibilidad, vivienda y vida de barrio, sostenibilidad ambiental y climática, programación cultural y participación ciudadana.
Lea también: Cuando la moto se tragó al carro y mucho más
Cada micro–barrio puede tener una junta con voz y voto: comerciantes, residentes, administración municipal, policía y un equipo técnico de urbanistas. Además de un gerente. Nada como la vinculación profunda de los propios residentes, que sí saben lo que les puede funcionar y lo que no.
Y debe montar sus propias páginas y redes sociales para mejor divulgación y mayor sentido de pertenencia, como exitosamente hoy lo hacen El Perpetuo, San Ignacio y Prado.
Esto no es inventar la rueda: es reconocer que El Poblado dejó de ser un barrio hace décadas y que requiere gobernanza granular, con un altísimo componente de vinculación ciudadana. Si no lo hacemos, cada microbarrio seguirá combatiendo solo contra su propio caos. Finalmente, sería magnífico buscar inspiración en el excelente trabajo cívico -discreto y de altísimo impacto- que la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín ha desarrollado a lo largo de casi 127 años: replicar mucho de lo que hacen y cómo lo hacen, pero en pequeño.
Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>





