En Urabá sí que están pasando cosas grandes. Muy grandes. Porque tras largas décadas viendo impotente cómo los barcos evitaban acercarse al Golfo para atracar en Cartagena, Barranquilla o Buenaventura, por fin Antioquia tendrá un puerto de talla mayor: Puerto Antioquia, el vecino nuevo que promete cambiarle el destino a la región y, de paso, al resto del departamento.
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Hay que decirlo sin rodeos. Y con orgullo: este puerto, que pronto estrenaremos, es una bendición logística en un país acostumbrado a cargar -o mejor, a padecer- sus costos de transporte como si fueran una penitencia sin fin, un “pecado original”.
Ya serán menos kilómetros para llegar al mar, menos horas de viaje, menos combustible quemado. Para los exportadores -bananeros, floricultores, madereros, industriales- es pasar de la mula al jet. Menores fletes, mejores márgenes, más competitividad y crecimiento.
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El impacto económico será contundente. Se moverá carga, se moverá plata y, con toda probabilidad, se moverá la aguja del desarrollo de una región que ha sido más protagonista de los noticieros que de los planes de crecimiento de un país centralista que la ha mirado siempre con desdén.
Con el puerto llegan empleos directos e indirectos de alto nivel, formación técnica, movilidad social, servicios de todo tipo, hotelería, logística, salud y una cadena completa que se irá tejiendo a su alrededor.
Para muchos jóvenes de Apartadó, Turbo y Carepa, y para la alta migración laboral proveniente del resto de Antioquia y de Colombia, esto puede significar algo como la posibilidad, ahora sí, de elegir un futuro.
Pero -en Colombia, amigos, siempre hay un pero- el progreso llegó antes que las vías de acceso. Para ir de Medellín a Urabá, al menos durante los próximos 18 meses, todo ese tráfico adicional de camiones tendrá que abrirse paso casi por el centro del Santa Fe de Antioquia, para luego subir y bajar el boquerón del Toyo por esa vía estrecha y peligrosa de toda la vida.
Y al llegar a Apartadó, para acceder al puerto propiamente dicho -tan moderno, él- las tractomulas se enfrentan a 9 kilómetros de vía premoderna. Lo que debería ser eficiencia pura, puede convertirse en trancones, demoras, sobrecostos y un festival de improvisación.
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Mínimo hasta bien avanzado 2027, cuando entrarían en servicio los nuevos tramos de vías, ya en construcción o proyectadas. Si alguien quería un ejemplo perfecto de cómo daña Colombia sus propias oportunidades, no lo busque más.
Finalmente, el crecimiento acelerado siempre trae tensiones: presión sobre servicios públicos, expansión urbana sin control, impactos ambientales, desplazamiento de actividades tradicionales. Urabá, qué duda cabe, necesita institucionalidad y planeación al mismo ritmo que recibe inversiones.
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Aun así, vale la pena celebrar. ¡Bienvenido, Puerto Antioquia! Eras urgente y estratégico: nos abres una nueva puerta al mundo. Solo falta asegurarnos de que, al cruzarla, no caigamos en tantos huecos del camino.
El futuro sí está llegando, claro. ¡Sería fantástico que, aunque viene cojeando, no lo hiciera en muletas tan desgastadas!





