Esta columna, a lo largo de casi dos décadas, ha analizado para Vivir en el Poblado muchos de los proyectos importantes para la ciudad y para el departamento en general. Frecuentemente ha asumido posiciones claras y críticas, a veces ácidas, irónicas, frente a aquellos proyectos que, a juicio del autor, terminarían produciendo resultados muy diferentes a los prometidos.
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Sin embargo, algunas veces la realidad no ha resultado tan negativa como la columna se atrevía a pronosticar. O incluso, los resultados en la práctica han sido brillantes, en contraste con el supuesto descalabro que se vaticinaba.
Quizá el fracaso predictivo más notable sea el Túnel de Oriente. Aunque aquí decíamos que tendría baja utilización, pero su éxito es arrollador, indiscutible. Fue acogido y utilizado por parte de los usuarios más allá, incluso, de las proyecciones más optimistas. A pesar de no tener doble calzada, a pesar de no permitir sobrepasos. Hoy frecuentemente opera a máxima capacidad.
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Es probable que el hecho tan simple de circular todos a una velocidad constante y -excepcional en nuestro medio- no permitir el paso de motos, baje sustancialmente el estrés haciendo del cruce del túnel un breve pero bienvenido tiempo de tranquilidad relativa para los conductores. Felicitaciones.
Otra predicción que resultó radicalmente equivocada anticipaba el bajo impacto que tendrían el puerto de Urabá y la renovación de la vía para comunicarlo con Medellín. Nada de eso. Todo lo contrario. La ya muy próxima apertura de Puerto Antioquia está teniendo un efecto transformador de impacto gigante sobre Urabá, sin duda extensiva a Antioquia y a buena parte del occidente colombiano.
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Puerto Antioquia es ya una realidad exitosa y, por sí solo, ha atraído inversiones sustanciales de todo tipo: Logísticas, industriales, comerciales y de muy diversos servicios con un potencial de generación de empleo y movilidad social como raras veces se ha visto en Colombia. Felicitaciones a los promotores y a Urabá en general.
En otras ocasiones, esta columna no se ha equivocado en pleno, pero sí se ha quedado corta en su visión pesimista. Por ejemplo, imaginaba que este gobierno sería mediocre e inepto y hasta ahí llegaría, sería cuestión de esperar los 4 años.
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Pero estuvo lejos de imaginar su capacidad de destrucción activa y su preferencia indiscutible, infalible, por hablar babosadas. Las que sean, pues la verdad o la coherencia nunca han sido lo suyo. Mentir, distraer y acusar falsamente, sí. Todo, en lugar de hacer, unir o construir. Tampoco se tuvo en cuenta su inclinación patológica por propiciar y operar en ambientes corruptos. Similar a la alcaldía anterior de esta ciudad, cuyo titular insiste en autocalificar como la mejor de la historia. Really?
En cuanto al desarrollo de la ciudad, podría decir que el pesimismo de esta columna sí ha estado en línea con los resultados. Es que no logramos salir de la mediocridad: visión de corto plazo, obras tardías y poco ambiciosas, estrechez como regla general, trabajo insuficiente en la cultura ciudadana, liderazgo errático e inconstante, etc.
En fin. ¡Ojalá nos sigamos equivocando por optimismo insuficiente!





