No se engañen, la frase del título no es mía, es de la película Tren bala, estelarizada por Brad Pitt y en la que hasta Bad Bunny tiene su parte; muy entretenida, por cierto, no podría definirla precisamente como cine arte, pero definitivamente es lo suficientemente entretenida para liberar cargas por un momento, que es lo que a veces necesitamos para justamente entender con rapidez.
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¿A qué hago referencia hoy? A algo relativamente simple: estar enojados no nos permite tomar decisiones acertadas gracias a que dificulta analizar, y ese enojo permanente, tristemente, se convierte cada vez más en una práctica no solo común sino aceptada y hasta vista como correcta y bien valorada. Y no, no lo es.
Para entenderlo un poco mejor, cuando nos dejamos llevar por ‘nuestras pasiones más básicas’ (como la rabia), el cerebro entra en algo llamado ‘secuestro emocional’. Sería casi como decir que nuestra humanidad solo ve peligro y responde en consecuencia, cuando realmente no existe riesgo alguno.
Recuerdo bien el caso de un centro de salud en el que era consultor y cuyas urgencias recibieron tres chicos heridos por una pelea a cuchillo, pero según la descripción policial, solo dos eran los causantes, “¿entonces quién es el tercero?”, pregunté. “El metido”, respondieron. Y básicamente fue un pobre ebrio que intentó parar el combate de bar, pero que, en medio del secuestro emocional de ambos, solo se convirtió en un riesgo más y, por ende, ‘un nuevo enemigo’ que terminó por recibir la peor parte.
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En una de mis conferencias suelo ‘jugar’ con un estudio de la Universidad de Michigan que demuestra que bajos coeficientes intelectuales y agresión suelen estar relacionados, o como yo digo: bravito=brutico. Mientras más fácil reaccionamos menos pensamos, y mientras menos pensemos, es simple, peor llevamos nuestra vida.
Para remate, esos demonios no se van con prontitud, a diferencia de nuestras buenas y positivas experiencias. El estrés de una situación incómoda o difícil, inclusive la más pequeña, y su respectivo baño cerebral de cortisol, puede quedarse dando vueltas en nuestra cabeza por más de una hora; algo que contrasta con las vivencias agradables, las cuales duran haciendo su buen efecto, fruto de una muy pequeña ducha cerebral de oxitocina, alrededor de solo cinco minutos. Es decir, encadenar hechos positivos es bastante difícil, ligar una rabia con otra puede ser bastante fácil y, por ende, pasar un día entero de pelea también puede ser un día entero sin pensar con claridad.
¿Ahora entiendes por qué un día con dos o tres hechos desagradables se puede sentir eterno y te lleva a pensar que poco o nada de tu trabajo fue productivo?
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No sé si sea una de las intenciones de la película, de Tren bala, pero queda la sensación de que en ella solo sobreviven aquellos dados a regular sus reacciones y emociones, a gestionar su día y solo dar la pelea en aquellos momentos de ‘obligatorio cumplimiento’.
Te invito a sacar los altercados de tu diario, que no vayan a decirte que por bravito cada día te ves más brutico.
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