Estoy, por estos días, con una gripa del carajo, y todo lo que con ella viene; no describiré con más detalles mi situación para no hacer que huyas, querido lector, ¡pero claro que va con todos esos desagradables síntomas! Sin embargo, esa no será la historia de esta columna. Soy mentor de líderes en varias organizaciones, cuando me vi con una de esas dirigentes, me preguntó: “¿Por qué usas tapabocas?”. Para ella era difícil comprender, a pesar de que aquel día mi imagen era la de un verdadero desastre, que no lo hiciera por mí sino por los demás. Y sí, de eso sí vamos a hablar, ¡porque es momento de pasar del yo al nosotros!
Durante años, la autoayuda y muchos gurús nos han llevado por un camino de exclusivo crecimiento personal, y parece que esa, y otras tendencias de época, nos han llevado a desconocer que vivimos con otros y otras, que no caminamos solos. No me malentiendan, no está mal pensar en el bienestar individual, pero sí es equivocado convertir eso en individualismo.
Hace unos días, y como parte de una entrevista para el canal regional Teleantioquia, me preguntaban como escritor qué tipo de literatura vendría para el año que comienza, a lo que respondí con toda certeza: tendrá que venir una que nos saque del “solo yo importo” y nos lleve a pensar en “ese sujeto a mi lado”. No saber que ese “alguien más” también debe doler nos está matando.
Una película de esas que amo, de ese cine simple que me provoca risas y me manda a la cama con una especie de serenidad, plantea un diálogo entre sus protagonistas en el que uno de ellos dice: “Uno se concentra tanto en sus propios problemas que se olvida que los demás también los tienen”, y en esa época existimos, una en la que mientras yo resuelva lo mío los demás sobran, y no, eso no es una virtud.
¿Y si pensamos un poquito más en quienes nos rodean?
Somos animales políticos, decía Aristóteles, pero no porque salgamos a votar sino porque existimos al convivir con otros; es decir, nacimos para compartir este planeta, y en esa medida no solo yo importo.
Repito, no se trata de dejar de crecer en lo personal, en lo económico y todos los demás matices, para nada es mi recomendación, pero sí que la apuesta, ¡para ya! debe ser un “todos valemos”. Dice la filósofa Victoria Camps que “la concepción que tenemos ahora de libertad es muy egoísta”, ¡y claro que lo es! Porque en esa libertad solo importa el yo, y es ahí donde una sociedad pierde su alma, porque ésta se construye en grupo, entre todos.
Entonces, ¿por qué usaba mi tapabocas? Porque existe algo llamado empatía social, e implica esa preocupación o inquietud por el bienestar del otro. No importa solo que yo me sienta bien, ¿qué tal si usamos esa mascarilla por un bienestar comunal? La invitación de este escrito no es otra que pensar en tu bienestar, pero siempre con ese componente de lo que te rodea, porque es pensar en todos lo que nos permitirá tener un futuro, por lo menos uno que también individualmente se pueda disfrutar.





