Carta de Penélope a Ulises

Entre el mito, el tango y la espera, Penélope vuelve a hablar de las mujeres que resisten la ausencia, del tiempo que transforma los cuerpos y de las guerras que dejan su huella mucho después del regreso, en esta nueva columna de Laura Cecilia Bedoya Ángel.
Por: Opinión
22 septiembre, 2026
Laura Cecilia Bedoya
Por: Laura Cecilia Bedoya Ángel. Socióloga y maestra. Conferencista de tango. Bailarina aficionada de flamenco y de tango.

“Soy la tarde que se ahoga

y no sé flotar en albas.

Soy Penélope enclavada en Buenos Aires;

ya ni sé tejer bufandas…        

Soy Penélope”. *Tango

Las Heroidas es una antología de cartas que el  poeta romano Ovidio escribió antes de partir al exilio: “heroínas míticas del ciclo homérico, la tragedia griega y La Eneida, a las que se suma una mujer real, Safo de Lesbos, se dirigen a sus amantes para expresarles sus sentimientos de abandono y dolor, su frío, su incomprensión, esa combinación de fuerza y debilidad que caracteriza el reproche erótico”. 1

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La carta de Penélope a Ulises es una de estas. La Guerra de Troya duró diez años y Ulises, héroe notable, emprende un regreso que se prolongó por otros diez, sorteando toda serie de avatares.

Cuenta el poeta Homero que Penélope se empeñó en hacer un tejido para lograr calmar a los pretendientes, quienes esperaban que lo terminara para que escogiera esposo.

Cuenta el poeta Ovidio que la hermosa Penélope siempre escribió la misma carta arropada por la esperanza de que el mar la pusiera en manos de su amado.

“Esta es la carta que te escribe tu Penélope, oh, rezagado Ulises. Pero no me respondas: lo que quiero es que vengas en persona. Troya ha caído, aquella troya que tanto odiamos las mujeres griegas, Príamo y su ciudad entera apenas valían el precio que hemos pagado. ¡Oh, si tan solo Paris, ese adúltero, se hubiera ahogado en el mar cuando navegaba hacia Lacedemonia!”.

Habrá que recordar que allí en Ítaca, ella aprovechaba las noches para deshacer la tela y aplazar el infernal acoso de los ciento ocho pretendientes.

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Podemos pensar que la voz de Penélope ha hecho parte de muchas mujeres por la espera de las promesas incumplidas, porque su proyección como esposa fiel ha servido para someter a las mujeres y por la conciencia del paso del tiempo que va devorando el cuerpo, o mejor dicho los cuerpos y los recuerdos.

Por otra parte, hemos visto la influencia de la Odisea en todas las artes, una de ellas, la música, Joan Manuel Serrat escribió la letra de Penélope-con su bolso de piel marrón- para una canción con música de Augusto Algueró. El tango también se hizo presente con Soy Penélope, además hay otros tangos que instalan al oyente en el poema épico o en su espíritu, son muy cercanos Volver y la canción Lejana tierra mía.

Y es bien importante el oficio de Penélope en este tango, ya que la autora es otra de las mujeres que interviene el mito de la tejedora de hilos y de ardides, para escapar del asedio.

Se queja del paso del tiempo y la unidad de medida para ello son las tardes, también le aburre el oficio de tejer, aunque hila lo imposible y lo lejano, la Penélope de Homero odia la guerra mientras maneja los hilos del telar, su nombre significa la que teje.

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En este tango hay una tarde que muere en la oscuridad invitando un negro sol que simboliza lo perdido, como los años de la protagonista y su libertad detrás del entramado de fibras entrelazadas. Penélope odia la guerra cuando teje, la Penélope del tango olvida el tejido mientras despide las tardes.

Así habla el tango invitado:

Ya se hundió otra nueva tarde

sin tu voz ni tu latido

y se va enterrando el día

a la orilla de un suspiro.

Es pertinente reflexionar en el hecho de que el regreso de la guerra no es seguro, es casi siempre esquivo para todos, que pudo ser una suerte o la ayuda de los dioses en el caso de la Odisea, y no solamente en esta larga guerra como fue la de Troya, sino en los permanentes conflictos bélicos de todos los tiempos.

Tantas cosas que sucedieron en la espera, escribe Penélope:

“Entonces yo no habría yacido fría, en un lecho desierto, ni habría esperado, desganada, que se agotaran los largos días, ni la pesada tela habría cansado mis viudas manos, mientras intentaba burlar las interminables horas de la noche.”

Mientras tanto, Ulises luchaba contra el canto de las sirenas, o se resistía a los embrujos de la hechicera Circe habitante solitaria de la isla de Eea y de otro lado tejía ardides, no en vano la diosa Palas Atenea le llamaba “Ulises mañero”.

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Sin embargo, su esposa lejana aseguraba que eran más terribles los peligros imaginados que los ciertos, porque de ellos había tenido noticias y un gran consuelo al saber que Troya estaba hecha ruinas.

En el ínterin, sigue sonando un tango escrito por una mujer, Mónica Fazzini:

Soy Penélope enclavada en Buenos Aires; …

Hilo nubes y hago ovillos que no cesan

de enredar desesperanza.

Soy el frío calahuesos de la espera;

y hasta fe de una quimera desahuciada

cuando anhelo el palpitar

que perfore este silencio funeral

y no llega.

Ogigia la isla mítica que albergaba a la ninfa Calipso- la de las bellas trenzas- fue un testigo mudo durante los siete años en que la hija del titán Atlas retuvo a Ulises, se enamoró de él y hasta le prometió la inmortalidad, sin embargo, el héroe le dice “es ansia de todos mis días, el llegar a mi casa y gozar de la luz del regreso.”2

El recordado viajero prefirió a Penélope y estableció una estatura moral. Al fin, después del prolongado castigo de Poseidón los dioses deciden que Ulises debe volver a Ítaca, su reino.

Penélope escribía al final de su carta:

“Aquí hay tres víctimas: yo, que no tengo fuerzas, Laertes, que es anciano; y Telémaco, que es apenas un niño”.

Ella como todas las madres esperaba la ayuda del padre para la crianza, y sentía la incapacidad de Laertes, el padre de Ulises, para expulsar de su palacio tantos enemigos y mucho menos ella.

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“Piensa en Laertes, que sigue soportando la vida con tal de que seas tú quien apague su luz. En cuanto a mí, que era una niña cuando partiste, por pronto que vuelvas me encontrarás hecha una anciana”.

El murmullo de tu risa

es el canto que alucino.

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  1. Ovidio. Heroidas. Editorial Catedral, 1a edición, noviembre 2020. Pág.22.
  2.  Kundera, Milán. La ignorancia. Editorial Tusquets.6a edición, julio2014. Pág.12.

*Soy Penélope. Tango: Música: Marcelo Saraceni. Letra: Mónica Fazzini.

Nota: Mónica Fazzini es argentina y tiene otros tangos: Puntillas de lágrima seca y Fugaz.

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