“Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio”. (Montevideo, Jorge Luis Borges).
Uno de los tangos que ha provocado más conjeturas por la dirección del lugar, por el número telefónico y por la curiosidad de saber qué pasaba en el secreto segundo piso donde el amor clandestino tenía citas sin testigos, solo un gato y de porcelana es A media luz.
Pensemos que en esto de las figuraciones podemos viajar un momento a un episodio de la literatura, Émile Zola en el pasaje sobre La Curée en Les Rougon-Macquart describía extensamente la habitación de Renée como “un derroche de tisúes, de colores delicados y de fragancias embriagadoras, teatro del amor cuyo altar era el lecho”. “Una cama grande, de color gris y rosa, de la que ni siquiera se veía la madera porque estaba tapizada y completamente recubierta de tela, cuya cabecera se apoyaba en la pared, sus encajes y sus sedas engastadas con ramos de flores que unían el techo con las alfombras”. El lecho “monumento cuya engalanada amplitud rememoraba una capilla ornamentada para alguna fiesta…”.1
Ahora, la invitación es a un país más cercano y a lo de los Wilson, ya que era costumbre en Montevideo pasar el verano en un chalét de Pocitos y hacer fiestas cuya concurrencia era registrada en las páginas sociales. Los Wilson se encontraban entre ellos, invitaron jóvenes para dar la bienvenida al verano por los días de diciembre de 1925, estaba todo listo, con músicos y el periodista y poeta Carlos César Lenzi, quien era un invitado fijo, acreditado de poseer excelente figura y buen vestir, hasta llegó a ser cónsul en Europa.
Para animar la celebración llamaron al violinista y compositor Edgardo Donato, que en ese momento tenía su ensamble musical incompleto, asunto que lo puso en la tarea de conseguir un bandoneonista, le recomendaron a Bachicha (Juan Bautista Deambroggio), quien estaba allí por poco tiempo, puesto que tenía obligaciones en París con Manuel Pizarro; cuentan que Donato le habría dicho: “Bachicha me tienes que salvar, mañana de noche tenemos una fiesta y me falta el fueye”2 y Bachicha no falló.
No sé si quienes leen mis artículos de tango sienten, como yo, infinita nostalgia de no haber presenciado ciertos momentos de la creación de sus piezas. Entonces, sabemos que tampoco falló la alegría de la velada, el licor, el baile y el músico de moda, Donato, entusiasmado y viendo el recibo de sus notas en las parejas bailando tango. Ya imagino el glamour de la época y el paisaje durante estos días. Creo que eso fue lo que llevó a Edgardo a accionar el interruptor de la electricidad y convocar a seguir bailando con esta arenga: “Y ahora a media luz”, porque los acompañó la iluminación de la calle.
Carlos Lenzi, autor de sesenta obras de teatro, se exaltó con la estampa ‘crepuscular’ y le dice al músico (autor del famoso tango Julián): “Voy a escribirle una letra”. El compositor le pidió un texto seductor para los porteños (puesto que Buenos Aires era La Meca de la consagración).
Así fue, esa misma noche ubicó el lugar en una dirección concreta en Buenos Aires y lo ‘pintó’ como un nido que invita a las caricias, por lo tanto, velado, y el decorado a cargo de “Maple, famosa mueblería londinense con sucursales en París, Buenos Aires y Montevideo”.3 Para llegar hasta allí se tendría que buscar la dirección en Corrientes 348.
“Los autores del libro De pocitos a Buenos Aires. De A media luz a Garufa también hacen referencia a la forma de contactarse para coordinar la cita, lo que en esos años era generalmente por teléfono; el amante le pasa el dato a la amada (Juncal 1224), y agrega para alentarla al encuentro: ‘Telefonea sin temor’. Lo anterior refiere a que el número de teléfono del apartamento pertenecía a la recién inaugurada central automática Juncal de la Unión Telefónica. Para poder comunicarse con una determinada dirección había que levantar el auricular del teléfono, lo que habilitaba la comunicación con una operadora, a la que se le pedía la comunicación debiendo identificar central y número; la operadora hacía las conexiones pertinentes, escuchaba el tono, e informaba al solicitante: ‘No hay línea, ocupado o comunicando’”.4
Recordemos que, como sucede con algunos escritores, tienen a la mano el directorio telefónico, una noticia o un periódico y se orientan a una frase o tema; en este caso el Hotel Carrasco anunciaba “de tarde té danzante, de noche dinner concert”. Tema que dio pie para escribir: “De tarde té con masitas/ de noche tango y cantar”.5
Edgardo Donato con la letra en la mano la fue envolviendo con música mientras viajaba a su casa, semanas después la ensayó con sus músicos en la casa de ventas de instrumentos de Julio Mousques quien no sólo permitió, sino que fue testigo de esa ejecución. Finalizada la actuación felicitó fervorosamente a Donato. “‘Es un golazo. ¿Y cómo se titula?’ A lo que Donato responde: ‘Todavía no tiene nombre oficial, estoy en duda porque tiene que ser algo que pegue’. Y Mousques le responde: ‘Pero si está clarito, esto es A media luz’”.5
Es de esperarse que la gala de la presentación llegaría algún día, puesto que la pieza no solo había gustado a los empresarios que la escucharon, sino que se exaltaron y le auguraron éxito; así el 3 de abril de 1926 desde las butacas del teatro Albéniz se escuchó la voz de la chilena Lucy Clory estrenando A media luz.
Corrientes 3, 4, 8,
segundo piso, ascensor.
No hay porteros ni vecinos.
Adentro, cocktail y amor.
Pisito que puso Maple:
piano, estera y velador,
un telefón que contesta,
una victrola que llora
viejos tangos de mi flor
y un gato de porcelana
pa’ que no maulle al amor.
Y todo a media luz,
que es un brujo el amor,
a media luz los besos,
a media luz los dos.
Y todo a media luz
crepúsculo interior.
¡Qué suave terciopelo
la media luz de amor…
Cuando dos almas emocionadas y en el más íntimo secreto cierran una puerta, hacen volar el pensamiento hasta el estremecimiento que contagia un crepúsculo interior.
- Perrot, Michele. Historia de las alcobas. México: FCE, Ediciones Siruela, 2011.Pág. 162.
- Mazzoni Rivas, Aldo y Sánchez Piñón Jorge. De Pocitos a Buenos Aires. De A media luz a Garufa. Editorial Gráfica Mosca. Primeraedición 2020 Montevideo (Uruguay).
- Pág.1071.
- Ibidem. Página 1.081.
- Ibidem. Pág. 1.101.
- Ibidem. Pág.1.111.
- Ibidem. Pág.1.141.





