La despedida a Nonino implica remitirme a La oración fúnebre de Jacques Derrida a la muerte de Emmanuel Lévinas: “Desde hace mucho tiempo, he temido el instante del a-dios a Emmanuel Lévinas. Sabía que en el momento de decirlo me temblaría la voz; sobre todo, al decirlo en voz alta y pronunciar la palabra adieu aquí, ante él, tan cerca de él. Esa misma palabra, ‘à-Dieu’, que en cierto sentido me viene de él. Una palabra que él me enseñó a pronunciar de otra manera”. 1
Adiós Nonino, es un tango que nació a raíz de la muerte del padre de Astor Piazzolla, don Vicente Piazzolla, aunque el autor no se despidió con palabras, dejó que su discurso fuera habitado por notas de bandoneón. El nombre de la canción recuerda no sólo la partida del padre, sino esa inmensa diáspora italiana que llegó hasta los puertos del Río de la Plata entre los siglos XIX y XX, conjugada con la de otros inmigrantes europeos.
La palabra Nonino viene del italiano Nonno que es la manera como ellos, los italianos, nombran a los abuelos.
Los padres Vicente Piazzolla y Asunta Manetti eran hijos de inmigrantes italianos (llegaron de La Toscana y de Puglia). La melancolía y el dolor de ausencia fueron las fuentes de inspiración de una pieza magistral y famosa. El mismo autor dijo de esta composición “Fue en ese momento, cuando estaba rodeado de ángeles, quizá, que pude escribir el tema más lindo que escribí en mi vida”. Además, es considerada una melodía elegíaca y no es de extrañarse porque tiene una doble tristeza, puesto que fue escrito para bandoneón, instrumento considerado como una caja de suspiros. Y cómo no, si fue él quien le regaló su primer bandoneón.
Sabiendo que el padre le abrió las puertas a la música, Astor entró por ellas con un llanto contenido traspasado al bandoneón, quería estar solo mientras lo componía, en realidad fue una especie de palimpsesto sobre Nonino, un tango anterior también dedicado a su padre. En el entretanto, su familia fuera de la sala escuchó la triste melodía para quien ya no podría oírla, pero salía al aire en forma de saludo, y aquí regresa Derrida: “lo hacen precisamente para no dejar que la muerte diga la última palabra, o la primera”.2
Derrida recuerda un curso de Lévinas en el que define la muerte “como la paciencia del tiempo… Lévinas define una y otra vez la muerte –la muerte que ‘encontramos’ … ‘en el rostro del otro’– como la no respuesta; dice: “es la sin-respuesta”3 La palabra es importante en el duelo para que la muerte no sea igual a la nada”.
Habrá que recordar a la importante letrista y compositora argentina, Eladia Blázquez, quien le puso letra a la música, aquí va la primera estrofa:
“Desde una estrella al titilar…
Me hará señales de acudir,
por una luz de eternidad
cuando me llame, voy a ir.
A preguntarle, por ese niño
que con su muerte, lo perdí,
que con ‘Nonino’ se me fue…”
Invoco en este momento otras palabras de la Oración fúnebre: “Medito sobre lo que Lévinas escribió acerca de la palabra francesa «adieu» -algo que evocaré más adelante– y espero encontrar la entereza para hablar aquí. Me gustaría hacerlo con las palabras de un niño, llanas, francas, palabras desarmadas como mi pena”.4
De otro lado, pienso que con el poema de Eladia se hace una despedida a dos voces, que expresa, además, parte del ADN del tango con la evocación de la migración italiana:
“¡Soy…! la raíz, del país
que amasó con su arcilla.
¡Soy…! Sangre y piel, del “tano” aquel,
que me dio su semilla.
Adiós Nonino… qué largo sin vos,
será el camino.
¡Dolor, tristeza, la mesa y el pan…!
Y mi adiós… ¡Ay! Mi adiós,
a tu amor, tu tabaco, tu vino.
¿Quién…? Sin piedad, me robó la mitad,
al llevarte Nonino …”
También hay que despedirse de un artículo, muchas veces sin encontrar los términos precisos y ¿por qué entonces no despertar de nuevo las palabras de Derrida? cuando se refiere a los momentos en que vemos al otro sin defensa alguna y en el que alcanzamos a percibir que la despedida definitiva no es el final.
“Tal vez el día que se corte mi piolín,
te veré y sabré… Que no hay fin”.
Así terminan el tango y esta elegía, “Dije que no quería simplemente recordar lo que él nos confió del à-Dieu, sino en primer lugar decirle adiós, llamarlo por su nombre, decir su nombre, su primer nombre, de la manera en que se le llama en el momento en el que, si ya no responde, es porque él responde en nosotros, desde el fondo de nuestros corazones, en nosotros y ante nosotros, en nosotros justo frente a nosotros, al llamarnos y recordarnos: ‘à-Dieu’.4
Como enseñó Lévinas, una palabra sincera o lo último que se puede decir: Adiós Nonino.
- Derrida, Jacques. “Adieu” (Oración fúnebre por Enmanuel Lèvinas), Textos ciudadanos.
- https://textos-ciudadanos.blogspot.com/2008/02/jacques-derrida-adieu-oracin-fnebre-por.html “Adieu” (Oración fúnebre por Enmanuel Lèvinas).
- Traducido por José Manuel Saavedra e Isabel Correa. Consultado el 22 de marzo de 2025.
- Ídem.
- Ibidem.
- Op.Cit.





