Víctor Muñoz: Acentos y señales de Medellín

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Toda la obra de Víctor Muñoz (Medellín, 1981) se podría sintetizar en el intento de descubrir y revelar “lo que dice Medellín”, los niveles de sentido de vida vivida, que se manifiestan o que se esconden en sus rincones de espacios y de tiempos. 

Y resulta evidente que, al tratarse de una búsqueda desde las prácticas artísticas, el de Víctor Muñoz no es un análisis que parta de una generalidad abstracta que pretendiera englobar y agotar la interpretación de la realidad entera, sino, por el contrario, un proceso que arranca de detalles particulares en los cuales se descubren rasgos e indicios de la ciudad. Tampoco se reduce a una visión puramente local, sino que es una toma de conciencia de la realidad global, desde aquí, desde nuestro contexto.

 Así, por ejemplo, en su exposición Medellín.Acentos y señales en la galería La Balsa, la sala está atravesada por la reconstrucción fragmentaria de un gran poste de luz, recuperado de las ruinas de la demolición del edificio Mónaco, donde iluminaba un campo deportivo. Un detalle puntual que, a la vez, sirve como puerta de ingreso a una historia de falsas luces, que hundieron la ciudad en la oscuridad y que, aunque pretendamos ignorarla, sigue marcando aspectos fundamentales de lo que somos como sociedad.

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En la mayoría de las discusiones de la historia de la cultura y, por tanto, de la historia del arte, la ciudad aparece como la más compleja y trascendental creación humana. Lugar donde habitamos y donde transcurre la existencia, con estructuras físicas y sociales que lo hacen posible; pero también, y sobre todo, espacio que los seres humanos creamos y que, con nuestras acciones y vínculos, empujamos en una u otra dirección, para bien o para mal. 

Por eso, la ciudad no son solo sus calles y sus construcciones; porque bajo la piel de las formas que estamos habituados a recorrer, se revela un universo de significados que hace que cada ciudad sea especial, lo mismo que particular es cada parte de ella y cada momento de su historia. Vista desde esta perspectiva, como realidad que revela un sentido, la ciudad se presenta como la obra de arte por excelencia.

Pero, con ello, no se quiere plantear la idea de que las ciudades deban responder a modelos clásicos de belleza, ni mucho menos, que lo que nos rodea sea un mundo de armonía y perfección. 

A lo largo de los últimos siglos, los artistas posibilitaron comprender que el arte no se dirige primordialmente a la creación de formas bellas, sino, más bien, a la manifestación de un significado. Y cuando entendemos el arte como un sentido encarnado, la ciudad nos revela su esencia como obra de arte, que no depende de la belleza de sus formas o monumentos; de la misma manera, los múltiples significados que podamos descubrir en ella tampoco se dirigen siempre a los altos valores del espíritu y de la civilidad, sino que, muchas veces, revelan la degradación y miseria que es parte de nuestra historia.

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Víctor Muñoz es consciente de que, como cualquier otra ciudad, Medellín se cubre con una capa de señales poderosas, y con frecuencia evidentes, que buscan determinar sus significados; son, por ejemplo, nombres, recuerdos, despliegues monumentales u obras de arte público. 

Pero Víctor Muñoz se decide a dejar atrás esa capa de clichés que, al mismo tiempo que revelan, también ocultan. Pensando en la obra de Adolfo Bernal, quien con sus carteles y señales insistía en que esta ciudad es el lugar desde el cual miramos y entendemos el mundo, Víctor Muñoz se sumerge en la vida de Medellín, en búsqueda de significados y realidades que, siempre de manera parcial y fragmentaria, definen nuestra existencia: lo que “dice Medellín”, cada vez que entramos en ella, es una parte de lo que somos y desde donde interpretamos la realidad.

En ese orden de ideas, la serie Acentos plantea una visión particular de la violencia que, si bien, parte de nuestras propias experiencias, tiene una dimensión universal. Las obras son creadas en un polígono de tiro, con disparos de arma de fuego sobre papel. Lo que vemos es la parte de atrás del papel, con la destrucción y las huellas que deja la pólvora. Si hacemos una composición de lugar, es como si la bala estuviera dirigida contra nosotros, lo que más allá de todo simbolismo, representa la realidad profunda de la violencia, que es siempre un ataque dirigido contra la condición humana. Y junto a estos Acentos vemos también un video, con bengalas en el cielo que definen nuestra ubicación y no dejan de ser signos de esperanza.

 Acentos y señales que nos aproximan a la compleja realidad de una ciudad como Medellín.

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