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Un sentir por la crisis climática

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La crisis climática y sus consecuencias y la respuesta de la industria, el gobierno y los consumidores: un análisis desde mis emociones.

Estoy experimentando un cambio en mi vida a nivel laboral que me ha hecho ser un poco más consciente de mis emociones, las cuales defino como aquellas maneras en las que mis experiencias previas y la información con la que cuento me ayudan a crear una sensación específica de lo que me ocurre en el día a día.

María Claudia Mejía Gil
Por: María Claudia Mejía Gil / opinion@vivirenelpoblado.com

Este pequeño cambio de vida que estoy transitando me ha hecho identificar que casi siempre estamos hablando desde lo racional y no desde nuestras emociones, es decir, desde lo que percibimos.

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Entendí que en muchos casos nos negamos a verlas y las ignoramos. Por esta razón decidí escribir desde mis emociones respecto a la crisis climática, sus consecuencias, que cada vez se hacen más evidentes, y la respuesta de la industria, el gobierno y los consumidores.

Para brindar un poco de contexto, las emociones, según Denzin, son aquellas experiencias corporales, transitorias y veraces, que nacen en el interior de la persona y que van recorriendo su cuerpo, generando sensaciones agradables o desagradables. Son también útiles para los seres humanos porque le aportan a su completo desarrollo y supervivencia, debido a que cumplen con una función adaptativa, motivacional y comunicativa.

Otro autor importante en esta temática es Goleman, quien ha estudiado ampliamente la inteligencia emocional, la cual indica que es la habilidad de identificar nuestras emociones y las de los demás, para construir relaciones más sanas.

  • Impaciencia, con las empresas y su lentitud para reaccionar ante la situación actual de desgaste ambiental; y con sus innovaciones, muchas veces disfrazadas de greenwashing.
  • Ilusión, porque veo que cada vez más personas están preocupadas por cambiar, por mejorar su relación con la naturaleza.
  • Frustración, las veces que me encuentro con modelos de negocio para los cuales es imposible ahorrar en recursos, en asuntos tan simples como un recipiente de icopor.
  • Alegría, cuando encuentro una nueva solución para disminuir mis residuos.
  • Tedio, cuando estas soluciones me dan alergia o no le hacen bien a mi cuerpo, porque a veces no es tan fácil dar el paso a un consumo más responsable.
  • Motivación, para continuar buscando opciones que sean cuidadosas con la naturaleza, sean ojalá locales y que le hagan bien a mi cuerpo.
  • Rabia, con nuestra especie que parece que no ha podido comprender que necesitamos conservar nuestra casa para preservarnos, para cultivarnos.
  • Ansiedad, al sentir tan cerca el año 2030 y leer constantemente que solo tenemos una década para demostrar que podemos salvar nuestra casa.
  • Felicidad, cuando me percibo cerca de la naturaleza, así esté en la ciudad, y puedo descubrir su grandeza y hermosura.
  • Tristeza, al darme cuenta de que muchas personas son apáticas con la crisis climática, apáticas con el futuro de nuestra casa común y apáticas con la naturaleza que las circunda.
  • Afecto, por nuestra casa, la naturaleza, la que nos da la vida y nos cobija.
  • Esperanza, porque es lo único que nos queda…
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