Esta, mi primera columna del año 2025, deseo dedicarla a un consumidor que viene en crecimiento y del cual me enorgullece escribir: un consumidor transformado, decidido a disminuir su impacto ambiental y que representa el 58% de los consumidores colombianos, según el diario La República; el 63% para la agencia de investigación Consumer & Insights; y dos de los cuatro segmentos de consumidores, que pronosticó WGSN, la agencia mundial más importante en términos de pronósticos y tendencias para el mercado.
Este consumidor se encuentra con mayor frecuencia en las generaciones más jóvenes, como los millenials o la generación Z, pues son quienes han sufrido más la crisis ambiental y, en consecuencia, son quienes han generado una mayor conciencia.
Estos consumidores demandan más transparencia de las empresas en sus procesos y decisiones. También tienen en cuenta el impacto ambiental que genera un producto o servicio, a la hora de realizar la compra, y reclaman pruebas que le permitan verificar las acciones responsables de las empresas a las cuales compran.
Este nuevo consumidor reta a las empresas a reflexionar acerca del impacto de sus actividades y las formas de minimizarlo por medio de estrategias de responsabilidad empresarial que generen un impacto positivo y a largo plazo. También las reta a ser más creativas y a innovar en tres aspectos: economía circular, producción local y con tecnología verde y productos que integren el bienestar con la sostenibilidad.
La aplicación de la economía circular pasó de ser una alternativa a una necesidad, pues cada vez gana más relevancia que las empresas trabajen con materiales de menor impacto, la reutilización de los mismos y la optimización del ciclo de vida de los productos, por ejemplo, telas fabricadas con PET reciclado o empaques elaborados con residuos de otras industrias.
Por otro lado, los consumidores están cada vez buscando comprar productos que hayan sido fabricados lo más cerca posible y utilicen fuentes de energía renovables, en sus procesos de producción, por ejemplo, alimentos que estén siendo comercializados en cadenas cortas – del campesino a la mesa – o empresas que utilicen paneles solares. Por último, existe una tendencia en la cual los consumidores buscan productos de aseo y cuidado personal más limpios y con menor impacto ambiental en su fabricación.
Por último, se identifica una tendencia muy importante: el deseo de ese consumidor de estar informado sobre las decisiones que toma una compañía y las prácticas de producción que desarrolla, así como los materiales que utiliza y la huella de carbono que genera en su proceso de producción. Esta tendencia tiene dos componentes necesarios para ser una realidad: la educación dada al consumidor para que comprenda las decisiones de la compañía y el impacto positivo que genera con su compra. A esto se suman la digitalización y trazabilidad que debe hacer la compañía para conectar sus consumidores con la información detallada de sus procesos.