Por Agenda del Mar (www.agendadelmar.com)
La divina Providencia y la Señora Ministra de Medio Ambiente y Vivienda
De la edición impresa (Edición 298)
Por: Álvaro Molina y María José Ospina Restrepo
Señora Ministra de Medio Ambiente y Vivienda.
Reciba un respetuoso y cordial saludo. Esperamos que haya recibido nuestras comunicaciones al buzón de la Presidencia, o que de pronto siendo paisa haya leído los mensajes a su jefe en este mismo medio. Le escribimos como cualquier colombiano, preocupados por la gravísima situación ambiental del país; además somos colegas suyos publicistas y como usted ambientalistas, usted por su posición y nosotros por puro dolor. Como sabemos que vive tan ocupada solucionando los problemas tan graves de vivienda social, le queremos hacer algunas recomendaciones y observaciones sobre la bella Isla de Providencia.
A causa de cierto paternalismo hacia la mujer que hace tiempo está de moda, se vienen repitiendo en los estadios las pésimas actuaciones arbitrales de Adriana Lucía Correa sin que nadie parezca tomar nota de sus yerros. No hace falta ser muy malicioso para sospechar que esa negligencia tiene que ver con el género: se la trata con especialidad por tratarse de una dama, sin importar que, con ello, se patrocine la mediocridad. Muchos no ven en Adriana un árbitro común y corriente -lo que sería de elemental justicia- sino algo así como una simpática mascota cuya única gracia es correr de aquí para allá con pantalones cortos. Pregunto yo: ¿A eso se llama una justa valoración de lo que puede hacer una mujer?
La primera demostración de relación humana pudo haber sido el mirarse a los ojos y estrechar las manos. Lo que hoy es costumbre y educación fue seguramente el origen de la cortesía para los saludos y las despedidas en simple son de paz y amistad. Ese es el fin que se debe perseguir cuando uno mismo se presenta o tiene la oportunidad de presentar a otros. De la manera fácil y clara que se utilice puede surgir una conversación agradable, descubrir intereses y afinidades. De allí la actitud que siga revela su roce social, su estilo y la etiqueta de hoy. Y aunque cualquier tipo de presentación o despedida es, en realidad, una rutina en extremo sencilla que cuando se complica puede convertirse en situación embarazosa. Será por eso, tal vez, que a mucha gente le da pereza saludar. En todo momento la naturalidad y la espontaneidad son los elementos que deben imperar. Solo en situaciones de estricto protocolo, se siguen las normas más formales. Los árabes al señalarse el corazón, los labios y la frente, indican con sus gestos que sus sentimientos, sus palabras y pensamientos van hacia la persona que saludan. Los indios levantan una mano. Los occidentales nos las estrechamos, tanto hombres como mujeres y, los orientales, las unen con una ligera reverencia.