Colombia vota por lástima
De la edición impresa (Edición 319)
Acostumbrados como estamos a los realities no podemos dejar de ver en ellos ciertas semejanzas con la realidad que nos llaman la atención y nos obligan a proponer toda una suerte de acrobáticas parábolas.
Hace unos años Colombia deliró, porque no puede decirse menos, con las tristezas, franqueza y simpleza de Jaider, el aspirante a Protagonista de Novela, que para lo único que sirvió en su meteórica carrera artística fue para dar testimonio de mala actuación y como comodín de muchos para ejemplificar al malo que por pesar, y sin méritos reales, llega a la cumbre de la fama.
Nadie lo recordará por su increíble capacidad histriónica, y más bien será recordado como aquel “pelaito que no duró nada”. Jaider fue elegido, como decían en el programa, por los votos de Colombia, que contra todo pronóstico y contra toda realidad lo eligió como su Protagonista de Novela.
No es un galán, no sabe hablar, no canta y tampoco baila. Apenas recita, como en un sainete de escuela municipal los pocos diálogos que le dieron para deslumbrar a sus miles de seguidores. Así como dicen de la espuma, se deshizo en un santiamén y hoy, no se le ve ni siquiera haciendo de maniquí en una serie criolla.
Por estos días, en el Factor X, también y como en un regreso al pasado, los cantantes que pretenden llegar a compartir escenario con Shakira y Juanes, han demostrado casi todo, incluso algunos, los más pocos, su capacidad para el canto. Los hay negros, altos, gordos, viejos. Los hay en parejas, en grupo o solistas, igualmente, están los que se encomiendan a la Virgen y quienes no tienen devoción por nadie. Y con base en esas cualidades los televidentes más fanáticos se han dado a la tarea de apoyar a sus candidatos con sus llamadas. Sorpréndase, el que va ganando, contra todo presagio, es uno que como Jaider, tampoco tiene talento para el oficio que pretende. Votan por él sus seguidores, un grupo de aficionados a la lástima, que apoyan a su candidato más porque proviene de una región lejana y para llegar al escenario debió recorrer varias horas en chalupa, que por la belleza de su voz o el timbre de su canto.
Estos dos ejemplos hablan elocuentemente de una costumbre colombiana de pegarse de causas perdidas, apoyamos a Inglaterra en la guerra de las Malvinas y a Estados Unidos en la de Irak, y de nuestra tradición de adherir visceralmente a causas solo por el hecho de ir en contra de otras o por negarlas, o simplemente, por el mero hecho de llevar la contraria. Hoy, a escasos quince días para escoger un nuevo Presidente de la República, estamos enfrentados a un reto similar.
Ha sido tradición que los electores voten no por el candidato que les gusta, o por el que está cerca de su pensamiento, sino por el que puede evitar que “otro” llegue. Así se votó por Samper, para evitar que llegara Pastrana. Por Pastrana para evitar que llegara Serpa, por Uribe porque era inevitable y ahora, el dilema está en si votar por Gaviria para evitar que Serpa llegue a la segunda vuelta; por Serpa para evitar que Gaviria llegue a la segunda vuelta o por Uribe para evitar la segunda vuelta.
Definitivamente, se esperarían argumentos un poco más sólidos y evitar que Jaider o Francisco se conviertan en los Protagonistas de Novela que terminen demostrando lo que ya habían declarado abiertamente en todas sus galas: su falta de talento para la actuación o el canto. Votar a conciencia y por el candidato que esté a la altura del propio pensamiento es la responsabilidad que debemos asumir como ciudadanos este 28 de mayo, por lo menos para poder reclamar después.