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Nuevo año, nueva década, ¿nuevo planeta?

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Desde hace tiempo “nos agarró la noche”, pues la situación continúa agravándose. La crisis ecológica sigue exacerbándose con el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la contaminación del aire.

Alejandro Álvarez Vanegas
Por: Alejandro Álvarez Vanegas

Cuando me fue encargada la tarea de escribir este texto –como el primero del año en “Con los pies en la Tierra”– pensé que la tarea iba más allá, pues con él no solo se inaugura el 2020, sino también un nuevo periodo para los gobiernos locales y, por si esto fuera poco, también se abre la década que nos llevará al 2030 (sí, sí: sé que según la RAE la nueva década no comienza todavía, pero esta vez no le haré caso).

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El 2030 marca un momento importante, pues para ese entonces deberemos haber alcanzado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que, como ya sabrán quienes lean esta sección, son metas universales trazadas en 2015 por las Naciones Unidas que buscan que el mundo se transforme en un lugar pacífico, en el que las personas y los países trabajen de colaborativamente para que vivamos de manera digna y próspera, con el cuidado del planeta como principio imprescindible.

Si bien los ODS no son la última palabra (y puede incluso decirse que hay que ir más allá de lo que proponen), sí nos orientan y les dan continuidad a esfuerzos que ya desde hace tiempo se vienen haciendo por alcanzar el bienestar global respetando los límites ecológicos del planeta (Estocolmo en 1972, Kyoto en 1987, Río de Janeiro en 1992, Johannesburgo en 2002, París en 2015, por nombrar algunos hitos).

Esta no puede ser una década más en la que no cumplamos con lo que nos proponemos: también desde ya desde hace tiempo “nos agarró la noche”, pues la situación continúa agravándose (la crisis ecológica sigue exacerbándose con el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire, etc.) y no hemos estado a la altura de las circunstancias.

Por el contrario, esta década debería ser recordada como aquella en la que se dio el verdadero cambio de rumbo hacia una sociedad global sostenible. Pero, para que esto se logre en este decenio, no se puede esperar que todo se jalone desde esferas internacionales o incluso nacionales: se debe arrancar con ímpetu desde lo local, haciendo que este año y este periodo de gobierno representen verdaderos avances hacia la transformación que queremos.

Es decir, es en los barrios y las ciudades (¡es en la cotidianidad de cada individuo!) en donde deben ocurrir las contribuciones a la sostenibilidad, con una ciudadanía valiente capaz de exigir y de hacer algunos sacrificios en cuanto a cambios de hábitos, para luego lograr mayores beneficios para ella misma y para el resto del mundo (en el presente y hacia el futuro). La ciudadanía dormida, indiferente e indolente está mandada a recoger y desde hoy hay que empezar a fortalecer todavía más la participación, la solidaridad y el involucramiento, de tal manera que, como dije antes, “los veintes” de este siglo sean reconocidos como el punto en que se dio el timonazo que nos puso de verdad en la ruta de la sostenibilidad.

Por supuesto, es una obligación moral de los gobiernos y las empresas responder a las exigencias de estos tiempos: no pertenecen a esta década los negocios que se enfocan solo en amasar dinero (sin generar valor social ni proteger el entorno ecológico), ni los gobiernos (locales o nacionales) que no sean capaces de trazar metas a largo plazo, construidas y perseguidas de manera inclusiva.

Comienza una nueva década (insisto en desobedecerle a la RAE), pero el planeta es el mismo que ha existido siempre y que tanto hemos maltratado. Las excusas se agotaron hace tiempo y ya la paciencia se acabó. Si no cambiamos drásticamente, el cambio drástico lo hará el planeta… y no precisamente a favor de nosotros. ¡La acción es impostergable!

Ñapa: como el contraste puede ser una herramienta muy ilustrativa, aprovecho para decir que una pésima manera de comenzar este año, este periodo y esta década, fue como lo hizo la Alcaldía de Envigado: sacrificando en el Túnel Verde árboles que podían salvarse (afectando la biodiversidad urbana) y pasando de manera grosera por encima de la ciudadanía, del Ministerio de Ambiente, de la Procuraduría… de la ética. Muy, muy mal por el nuevo alcalde, Braulio Espinosa. Ojalá enderece.

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