Ni contigo ni sin ti

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Dualidad de sentimientos frente a mi país: a ratos lo quiero a morir, y a ratos lo odio sin remedio.

Este título, que me encanta, es ajeno. Pero como me cae de perlas para la ocasión que hoy me ocupa (preocupa), lo tomo, se lo chanto a la columna y muchas gracias, Emilio José.

Ni contigo ni sin ti/ tienen mis males remedio/ contigo porque me matas/ y sin ti porque me muerooo.

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Palabras claras, concisas y precisas para describir mis sentimientos. Porque la relación que sostenemos Colombia y yo es tóxica, muchachos. Entre el amor y el odio pasamos –pasamos es un decir, a ella le importa un comino- por todas las instancias posibles.
A ratos la quiero a morir y de manera incondicional. Me emocionan las luchas cotidianas de tantas personas anónimas y conocidas que con su trabajo decente quieren sacar adelante a sus familias; la Naturaleza fascinante del territorio; los deportistas, artistas, escritores, científicos, académicos, estudiantes, empresarios, líderes…, comprometidos con el país; la calidad humana de mucha gente empática, compasiva y solidaria, que comparte lo que es y tiene –el personal de la salud es ejemplo indiscutible-; las posibilidades que existen, casi todo está por hacer. Y así.

Y a ratos creo que la odio sin remedio. Me avergüenzan los políticos que dicen velar por el interés común mientras se reparten esta finca llamada Patria, se arrebatan como carroñeros puestos y contratos, protagonizan debates repletos de golpes bajos, patean la democracia; la proclividad a la corrupción y a la violencia: el dinero fácil, la agresividad, la doble moral, la ética malherida y la estética en vías de extinción; el narcotráfico, la cultura mafiosa, las costumbres sicarescas; el arrume de manzanas podridas en la Fuerza Pública, la Justicia, la sociedad en general; el vandalismo que en nombre del pueblo destruye lo que es del pueblo; la indiferencia de los gobernantes con la Colombia profunda. Y así.

Ni contigo ni sin ti/ tienen mis males remedio…

Coincido, muy a mi pesar, con lo expresado por Héctor Abad en su columna de El Espectador (junio 27): “Colombia es un país en conflicto consigo mismo. Un país que se odia y se desprecia al mirarse al espejo. Una nación enferma de odio y acomplejada de resentimiento… En esta tierra angosta, de mente estrecha y rabiosa, entre la injusticia, la inequidad, la ignorancia y el rencor, cada día es más asfixiante vivir”.

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Pero, al mismo tiempo, coincido también con lo dicho por Jorge Mario Velásquez, presidente del Grupo Argos, en entrevista reciente con LaW. Se refería a que, justamente porque el país está atravesando una borrasca, es que necesitamos de fuerza moral para quedarnos, aguantar y contribuir a sortearla.

Contigo porque me matas/ y sin ti porque me muerooo.

ETCÉTERA: Viví fuera de Colombia por varios años. Una experiencia larga y feliz que no me hizo olvidar dónde están mis raíces. A pesar de todo. O con todo, ya ni sé. Cuánto diera porque estas emociones fueran más sosegadas, a ver si así puedo reavivar el orgullo sano de ser colombiana. Sin tener que estar dando explicaciones. Y sin asfixiarme.

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