Luis Miguel Rivas, un grande

La obra de Luis Miguel Rivas convierte las calles, los personajes y las historias cotidianas de Medellín y Antioquia en literatura. A propósito de 'Era más grande el muerto', esta reseña de Daniel Suárez Montoya recorre la escritura de un autor que ha sabido retratar con humor, memoria y cercanía una ciudad que también vive en sus lectores.
Por: Opinión
31 agosto, 2026
Daniel Suárez
Por: Daniel Suárez Montoya. Comunicador y gestor cultural. Cofundador y estratega de la Fundación Almargen.

La primera vez que leí a Luis Miguel Rivas fue con Los amigos míos se viven muriendo. Luego conocí su lado poético con Hoy no quiero metáforas y, después, por fortuna de la vida y de mi buen amigo Sergio, lo conocí en persona. Aunque ya teníamos ese vínculo que crean las redes sociales digitales y que logra que personas que no se conocen lleguen, de alguna manera, a encontrarse. Así, una cosa llevó a la otra y terminamos caminando por las calles de Envigado, entre cervezas, conversaciones y rones, por esos lugares que él ha habitado durante tantos años y que le han permitido crear las historias que aparecen en sus libros. Entre ellas encontré Era más grande el muerto, una novela que también le sorprende y alegra ver cómo se agota en las librerías y cómo cada vez más personas la leen.

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Era más grande el muerto es un relato de 36 capítulos, cada uno corto, pero sustancioso. Allí aparece un personaje fundamental en la obra de Rivas: don Efrem, cuya relevancia entenderán cuando se adentren en la historia. Es, de alguna manera, un recorrido por la realidad de Envigado y Medellín durante una época marcada por los “pillos”, por la juventud y por las formas en que la ciudad se iba construyendo y transformando. También por las amistades que aquella época se llevó. Y eso es precisamente uno de los grandes valores de la novela: retratar una realidad que el autor conoce y que logra convertir en literatura. Rivas, ese compañero de copas que me he encontrado, es tan buen conversador como escritor; tan buen ser humano en todas sus formas, cuidadoso y cuidador.

El narrador de esta historia es un joven que atraviesa tantas penurias que termina generando compasión. Tiene en la cabeza la necesidad de conseguir dinero y esa urgencia lo lleva a vivir aventuras que, en algunos momentos, uno podría pensar que son ilógicas o imposibles. Pero no lo son. Pueden ser tan reales que quizá conocemos a alguien que ha pasado por situaciones similares. A mí, por ejemplo, me llevó a mi época de juventud viviendo en la 13; me recordó a mi hermano, cuando lo perseguía y conocía a sus amigos, muchos de ellos que ya no están y que seguramente también vivieron situaciones parecidas.

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Al otro lado de la ciudad, Gilmer Mesa también ha escrito sobre esas realidades en sus libros, al igual que David Betancourt, de quien hace poco escribí una reseña sobre su más reciente publicación, Bebestiario. Los tres transitan por historias etílicas, jóvenes de barrios populares, viejos convertidos en monumentos de las cantinas y espacios de la ciudad que están en peligro de extinción. Además, tienen una bella amistad que parece haber creado una especie de movimiento o grupo literario con un número importante de lectores que se van llevando unos a otros. Llegar a La cuadra, de Gilmer, puede llevar a Era más grande el muerto y terminar, con mucho humor, en Bebestiario. Y así reconocemos que tenemos autores capaces de contarnos la cotidianidad de otra manera. Quizá de ese mismo grupo pudo haber hecho parte José Libardo Porras, a quien ya no podemos seguir disfrutando por su ausencia terrenal.

Tenemos autoras y autores de gran nivel en Medellín y Antioquia, y merecemos que estas historias sigan siendo contadas y leídas. Historias que aparecen en los títulos que menciono y en muchos otros que están circulando por ahí. Tenemos escritores que están promoviendo la lectura entre los jóvenes, lectores que se identifican de alguna manera con esas historias y con esas formas de narrar. Porque leer a Luis Miguel Rivas es sentirse conversando en la esquina de algún barrio, en esa tienda que vende todo tipo de abarrotes, pero que también tiene mesas afuera para pedir una cerveza, un aguardiente o un ron y acompañarlo con unas empanadas de iglesia, esas que también andan en peligro de extinción o de ser gentrificadas.

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Era más grande el muerto llegó a su quinta reedición, publicada por Planeta en su edición Debolsillo, y también se encuentra fácilmente en diferentes bibliotecas. Pero, les aviso: vayan pronto a las librerías, porque se agota.

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