Desde hace algunos años escucho un programa de radio español llamado Alguien debería prohibir los domingos por la tarde, lo conduce Isabel Coixet, directora y guionista de cine que tiene un gusto musical maravilloso.
El programa, tal como su nombre, se emite todos los domingos y de allí he venido elaborando una lista de reproducción con todo lo que suena. También, Isabel Coixet habla en el programa y en algunas ocasiones elige algunos textos de libros para compartir con sus oyentes. Fue allí donde escuché por primera vez Confesiones privadas, un libro escrito por Ingmar Bergman, un cineasta muy importante en el siglo XX, que aportó maravillosamente con sus producciones y de quien se lograron recuperar y publicar sus historias, las que escribió durante su vida y que estaban casi inéditas.
Pero fue difícil llegar a este libro, por lo menos en Medellín ninguna librería lo ha tenido y en Bogotá, por los lugares que pasé, no lo tenían o hace mucho no lo había pasado por allí y no volvió.
Hice lo que no me gusta hacer, es algo torpe, pero suelo no hacer pedidos por internet en cierta plataforma donde todo se encuentra y así sí llegó a mis manos, después de haber escuchado hace mucho tiempo a Isabel Coixet narrar algunos párrafos de estas confesiones.
“Cuando era joven, tenía mucho miedo de morir, pero ahora pienso que es un arreglo muy sabio. Es como una luz que se apaga”.
El libro se divide en cinco confesiones que están conectadas entre sí, y Anna es la protagonista; el adulterio, el estar casada y no ser feliz con esa persona y encontrar el amor, el deseo, las ganas de vivir en otro hombre, en Tomas. Pero, ese ideal pesa y cada confesión se vuelve necesaria para soltar, así no haya arrepentimiento en ella, debe expresarlo, no puede quedarse con eso por dentro y allí es donde entran otros personajes que escuchan, el mismo esposo, Henrik, debe escuchar su confesión, debe sufrir y llevar el peso, debe comportarse con brutalidad ante ella, hasta enloquecer.
“Soy una esposa infiel. Vivo con otro hombre. Engaño a Henrik. Estoy angustiada. No tengo remordimientos o cosas así. Sería ridículo. Pero sí angustia”.
Esta historia se relata en los años 20, por ende, ese acto de infidelidad tenía mayor peso social, quizá eso hace que las confesiones sean más brutales y la manera en que Bergman lo hace es monumental.
Esta publicación hace parte de una trilogía que quiero continuar, además de Confesiones privadas están La buena voluntad y Niños de domingo, trilogía que se puede resumir en una recopilación de historias de sus padres y mostró a un cineasta que era también tremendo escritor, así definen muchos que han pasado por estos libros a Bergman y con razón lo han hecho.
Suelo recomendar en mis columnas para este medio, libros que pueden ser fáciles de conseguir, sin embargo, con este no podré cumplir ese cometido, ya que como lo dije al inicio, fue difícil llegar a él. No obstante, si quieren darse este viaje de confesiones, puedo asegurarles un muy buen viaje. Pedirlo por internet es una opción. La editorial que se encargó de publicar en español la obra del autor se llama Fulgencio Pimentel, es española y la verdad es que estas ediciones están muy bellas, la calidad del papel, la letra, la portada.





