Por: Carlos Arturo Fernández / [email protected]
Es habitual que nos aproximemos a la obra de arte con una profunda admiración e incluso con desconcierto. Nos deslumbra la habilidad de una persona, el artista, que es capaz de lograr un grado de perfección que nos resulta incomprensible. Así, por ejemplo, descubrimos la sutileza de un velo de piedra que cubre el rostro de una figura; nos asombra la sensación de vida real que emana de un retrato; o admiramos la perfecta relación de formas en una obra abstracta. Y los ejemplos podrían multiplicarse hasta hacernos pensar que, en efecto, el artista es alguien genial, que, a partir de su propia voluntad, tiene el don de producir una perfección que escapa a los demás seres humanos, y que lo ubica en una especie de mundo superior.
Sin embargo, cuando miramos cómo los artistas han creado sus obras a lo largo de la historia, comprendemos que el arte es el resultado de grandes luchas y dificultades, y que la obra y el arte todo se definen en ese terreno y no en el campo de una abstracta habilidad metafísica. En el más profundo sentido, el artista no hace lo que quiere, sino lo que puede, dentro de múltiples dificultades materiales, técnicas, sociales, psicológicas y corporales.
Cuando se piensa en limitaciones físicas o en condiciones corporales diversas, es fácil multiplicar los ejemplos. La obra tardía de Auguste Renoir está determinada por una grave artritis que le impedía sostener los pinceles con los dedos y debía pintar con ellos atados a las manos, lo que cambia totalmente las características de su pincelada. Edgar Degas sufre de serios problemas visuales que lo llevan a encontrar formas inéditas de trabajar. Marco Tobón Mejía deja de lado la pintura al descubrir que es daltónico y se dedica a la escultura.
En primera instancia, nos impresiona la capacidad de superación de estas personas. Y cuando nos planteamos el asunto desde la perspectiva del arte, aparecen otras alternativas de interpretación. Por una parte, puede afirmarse que, en todo caso, lo que nos interesa es el resultado, es decir, la aproximación a la obra efectivamente desarrollada dentro de las posibilidades del artista; y, por otra, la constatación de que el arte no existe como problema abstracto, sino que es el resultado del trabajo de una persona concreta lo que, necesariamente, determina diferentes maneras de entenderlo.
El arte como libertad
Susana Jaramillo Lopera (Medellín, 1998) es una artista con parálisis cerebral desde su nacimiento, que utiliza la nariz como principal medio para pintar, para escribir y comunicarse a través de dispositivos electrónicos, para crear contenidos en redes sociales y para llevar adelante los emprendimientos derivados de su actividad artística.
Por supuesto, produce admiración su capacidad de superar las dificultades; pero detenerse en ello significa limitarla al plano de la pura individualidad y desconocer que, al plantearse como artista, Susana Jaramillo reivindica un espacio y una significación social, cultural y estética para su trabajo.
En el desarrollo de su obra, realizada al acrílico, se destaca un sistema de trabajo que parte de una planeación mental en la cual, además de la definición del tema y del significado que se quiere comunicar, formulado incluso de manera escrita, analiza y determina la estructura compositiva, el esquema de color y el estilo semi abstracto, expresionista o claramente figurativo que dará a la obra.
Cuando los fondos se piensan como campos de color más o menos planos, Susana Jaramillo recurre al uso de una esponja manejada con la boca, que le permite lograr efectos de variada intensidad en los tonos. El desarrollo de los trazos y líneas y la extensión del color los realiza con la nariz utilizada como pincel porque, según dice, es la única parte de su cuerpo cuyo movimiento puede controlar; con ella va tomando los acrílicos organizados en una paleta de colores y los traslada al lienzo según el proyecto previamente definido.
Y lo más importante: como ella afirma, es el descubrimiento del arte como libertad. Es una idea que subyace a toda la historia del arte y que en Susana Jaramillo se convierte en vivencia y en sobresaliente planteamiento conceptual sobre el sentido de la creación artística.





