La universidad CES presenta la primera maestría en discapacidad de la región

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Este programa académico comenzará en el primer semestre del 2022 y sus inscripciones ya están abiertas. Es creado por las facultades de Fisioterapia y Psicología de esta institución.

Hay una frase potente que algunos recuerdan al iniciar caminos nuevos: “nuestra mayor libertad es que más allá de nuestra situación física en la vida, siempre somos libres de escoger nuestros pensamientos”. Pronunciada por Viktor Frankl, psicólogo y autor del libro “El hombre en búsqueda de sentido”, recuerda que en la mayoría de las situaciones es nuestra actitud la que determina las circunstancias por venir. Esta frase adquiere relevancia y aplicación específica a partir de una noticia revelada en estos días: la Universidad CES acaba de presentar la primera maestría en Discapacidad y Desarrollo Humano de la región, después de recibir el aval de las autoridades académicas.

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De acuerdo con Jessica Ayala, su coordinadora académica, y Marta Gutiérrez, jefe de posgrados de la Facultad de Psicología, este programa académico busca la formación de profesionales para promover las habilidades de las personas con discapacidad, sus familias y cuidadores. Igualmente quiere facilitar su acceso en materia de salud, educación, habilitación y rehabilitación. El enfoque en desarrollo humano pretende ayudar a eliminar “barreras que históricamente se han presentado” y trabajar junto a profesionales de varias disciplinas y con conocimiento de causa para que las personas en esta situación “sean agentes activos de su propia vida y contribuyan activamente a cambiar la situación de vulnerabilidad que ellos y sus familias han enfrentado”.

La universidad CES maestría en discapacidad

Un cambio de mentalidad

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Este programa surge en una sociedad como la local donde la mayoría de espacios físicos no son accesibles. Actividades cotidianas que parecen simples como retirar dinero de un cajero automático, ir al baño o salir de paseo pueden ser desafiantes en un entorno que históricamente no ha dado mucho lugar a lo distinto. A esto se suman las creencias de algunos que ven a las personas con discapacidad con lástima o se enfocan en sus limitaciones más que en sus fortalezas o posibilidades. 

Jessica Ayala y Marta Gutiérrez cuentan que el proceso de creación de este programa comenzó en el 2018, año en que las facultades de Fisioterapia y Psicología comenzaron a hablar sobre el tema. Al comienzo, pensábamos crear un programa de maestría para lograr “una sociedad más accesible”, explica Jessica.  Al mismo tiempo, dice Marta, querían tener en cuenta esta definición de Amartya Senn: “el desarrollo es la capacidad de las personas para vivir la vida que consideran valiosa”. 

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Para lograr su propósito el equipo de profesores está integrado por profesionales en disciplinas como medicina, psicología, periodismo, fisioterapia, derecho, políticas públicas, entre otras. La idea es construir el saber entre todos y ver la discapacidad desde perspectivas variadas para poder mejorar la vida de las personas e ir más allá: influir en las políticas públicas.

Jessica Ayala cuenta que este programa está construido alrededor de varios ejes académicos: fundamentación, intervención, investigación y socio humanística. Para construir el contenido se realizaron grupos focales con expertos y algunas organizaciones. También se tuvo en cuenta la experiencia de personas que viven en situación de discapacidad para aplicar esa frase que surgió en movimientos internacionales que trabajan a su favor y que también aplica para otros escenarios de la vida: “nada para nosotros sin nosotros”.  

Aprender desde la experiencia

Jessica Ayala y Marta Gutiérrez cuentan que para graduarse de este programa, los estudiantes deberán presentar un proyecto de intervención desde su disciplina: por ejemplo, un ingeniero deberá enfocarse en trabajar el tema desde su saber, y un abogado hará lo mismo. “La idea es construir un mensaje de diversidad, y no de asistencia”, dice Marta. 

Y por esto también han contado con el apoyo de fundaciones especializadas como la Casa de Carlota, y trabajan para que el material gráfico, la información difundida y sus acciones sean coherentes: que reflejen el mensaje querido y funcionen para las personas con discapacidad. Cuentan que al comienzo de esta iniciativa tuvieron que decidir si realizar la maestría cuando el CES fuera totalmente accesible en espacios y tuviera todo el saber consolidado. O construirlo junto a expertos y toda la comunidad académica. Optaron por la última opción. 

Actualmente, trabajan para mejorar los espacios y aprender desde la experiencia, y a través de la presencia de estudiantes en situación de discapacidad.  Un ejemplo de esto es la experiencia de Marisol, una joven con problemas de movilidad, que se graduó del programa de Psicología con compañeros que la trataron como una más y se interesaron para que pudiera llegar a todos los espacios del CES. 

Ambas concluyen con la revelación de una intención: que esta maestría nueva sea referente en el país sobre el tratamiento de la discapacidad. Para que entendamos que no todos somos iguales. Y que desde nuestras diferencias, cada uno puede aportar. Están convencidas que es posible lograrlo gracias a la experiencia del CES, a su enfoque en desarrollo humano, y al compromiso de los profesores.

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