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Berny Bluman: “La discapacidad no es incapacidad, sino diferencia”

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“La sociedad debe brindarnos las herramientas para que todos podamos crecer juntos”

La primera sorpresa que se llevan los asistentes a un taller de Berny Bluman es que no se trata de una sesión de power point y conferencista con atril.  En un salón de sillas en desorden, con rampas, tapaojos y audífonos, Berny arma lo que él ha llamado un “taller vivencial”.  ¿De qué otra manera, si no es pasando obstáculos, viendo (o tratando de ver) y oyendo (o tratando de oír) pueden entender el concepto de la discapacidad?  Al final, la conversación de Berny con los participantes se centra en entender el poder que tienen las palabras para nombrar y representar: “Ni inválido, ni minusválido, ni paralítico, ni tullido, ni ‘quedó en silla de ruedas’… ni siquiera ‘está en silla de ruedas’, porque yo no estoy en silla de ruedas, yo uso mi silla de ruedas”. 

Después de un accidente que le generó una lesión medular, hace 19 años, Berny Bluman entendió rápidamente que su vida había cambiado para siempre. Pero en vez de sentarse, literalmente, a llorar, eligió el camino resiliente: “Uno tiene que escoger, y enfrentar ese cambio como una diferencia, no como una tragedia. Cuando uno entiende eso, empieza a encontrar las herramientas, a encontrar los métodos para llevar la vida… pero necesita de un entorno que le permita hacerlo”.  ¿De dónde sacó las fuerzas para tomar ese camino? Berny reconoce que la vida de su padre, un judío polaco que sobrevivió al horror del holocausto en la Segunda Guerra Mundial, fue la inspiración.

“Cuando me accidenté -dice Berny-, pensé que esto era nada frente a lo que vivió mi papá”.

Desde ese momento, Berny, con su empresa Colombia Accesible, ha dedicado la vida a ayudar a entidades y personas a cambiar el chip: “La discapacidad no es incapacidad; discapacidad es una forma diferente de hacer las cosas, con unas herramientas necesarias, con un entorno adecuado”.  Su empeño, entonces, es trabajar para mejorar la accesibilidad de los espacios públicos, ampliar la inclusión laboral y generar transformaciones culturales.  Su gran objetivo es luchar por una sociedad que reconozca y respete la diferencia: “Ser incluyente y ser accesible no es un trabajo que se hace para las personas con discapacidad; es un trabajo que se hace para la sociedad. No nos beneficiamos solamente nosotros, nos beneficiamos todos”.

BERNY BLUMAN: “La discapacidad no es incapacidad, sino diferencia”
Berny Bluman, Gerente de Colombia Accesible: “Discapacidad es una forma diferente de hacer las cosas, con unas herramientas necesarias y con un entorno adecuado”

Ustedes son de ascendencia judía.  ¿Tus padres vivieron el holocausto en la Segunda Guerra Mundial?

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Nosotros somos de ascendencia europea.   Mi papá era polaco, y le mataron a toda su familia al inicio de la guerra, ya que Polonia fue el primer país invadido.  Llevaron a la abuela y a algunos de los hermanos, que eran 13, a un campo de concentración, y mi papá, con uno de sus hermanos, se voló para el bosque.  Allí estuvieron escondidos un tiempo, tal vez dos años, y buscando comida encontraron una casa, donde los escondieron un tiempo.  Pero los atraparon, y los llevaron a diferentes campos de concentración. Después de la guerra, sobrevivió solamente él. Tenía 18 años cuando empezó la Guerra. Estuvo en dos campos de concentración, hasta que llegaron los americanos a rescatarlo.  Con 24 años, pesaba apenas 30 kilos, y tenía un pulmón colapsado. Se los llevaron a Suiza, a casas de reposo, por dos años. Y de ahí empezaron a circular periódicos entre las comunidades judías de todos los países del mundo con los nombres de los sobrevivientes, para que los familiares que estuvieran fuera de Europa los recibieran.  Aquí vivía una tía, y vio el nombre de mi padre; no se conocían, porque era el menor de 13 hermanos. Mi tía lo mandó a traer.  Había que ir a buscarlos, porque acá ya estaban cerrando fronteras a los refugiados. 

Mi mamá nació en Colombia, pero su papá era alemán y su mamá holandesa.  La familia de mi abuelo salió antes de la guerra, previendo lo que iba a pasar. La familia de la abuela no quiso salir.  Pensaron que no iba a pasar nada porque en la Primera Mundial no tocaron a Holanda, pero   mataron a casi toda su familia, estando ella ya en Colombia, sin ninguna información. 

Supongo que ustedes crecieron oyendo estas historias.  ¿Te inspiraron de alguna forma?

Mi papá no hablaba mucho de esto, pero toda la vida tuvo pesadillas en las noches.  Cuando hablo sobre mi vida, menciono la vida de mi papá. Creo que es también una forma de enfrentar la vida. Cuando me accidenté, pensé que esto era nada frente a lo que vivió mi papá. Me preguntaban, ¿qué vas a hacer ahora?  Y decía: Yo no perdí nada; yo no puedo caminar, pero tengo a mi familia, tengo mi trabajo, tengo todas las posibilidades… a mí no me están echando, no me están humillando, no me están torturando, no me han quitado a nadie.  Experimenté un cambio, pero esto no es nada. Y lo mismo pienso sobre lo que está pasando ahora, con la pandemia… Esto va a pasar. Y si este man fue capaz de sobrevivir a todo esto, llegar a Colombia, enamorarse y tener hijos, que es la mayor muestra de reconciliación con la vida…  Si él fue capaz, todos somos capaces de hacer cualquier cosa.

Has insistido mucho en tus conferencias y en tus escritos en la necesidad de cambiar el lenguaje: que no hablemos de incapacidad, sino de posibilidades distintas…  ¿Por qué?

Hace 19 años entendí que, de un momento a otro, tenía que cambiar mi vida.  Encontrarse con la discapacidad, sobretodo cuando es el resultado de un accidente, no es algo que te da tiempo.  Un día caminaba, trotaba, brincaba y montaba en bicicleta, y al otro día no podía hacer nada de eso.  Entonces yo tenía que enfrentar un cambio radical en mi vida, y lo que hice en mi mente, en ese momento, fue hacer todos esos paralelos con lo que habían vivido las personas cercanas: esto es lo que me pasó, esto no tiene reversa, no puedo retroceder el tiempo para que no me pase, ni puedo cambiar lo que me pasó.

Inmediatamente después del accidente, los médicos me dijeron ‘usted tiene una lesión medular, y es irreversible’.  Si yo tengo algo que es irreversible, yo no tengo sino dos caminos: o me quedo y lloro (aunque eso no me va a devolver lo que tenía), o sigo adelante con lo que tengo, arranco por el camino que es, y busco herramientas. Yo escogí ese segundo camino.  ¿Qué es lo que necesito para que mi vida vuelva a ser mi vida?  Uno tiene que escoger y enfrentar ese cambio como una diferencia, no como una tragedia. Si usted asume que lo que le pasó es una tragedia, usted no lo supera.  Cuando uno entiende eso, empieza a encontrar las herramientas, a encontrar los métodos para llevar la vida, y necesita de un entorno que le permita a hacer eso.  Y ahí es, de alguna manera, donde uno pierde un poquito el control. Esa es la clave para entender por qué hago lo que hago.  Yo puedo controlar mi vida, yo puedo conseguirme una silla de ruedas, aprender a montarme al carro, y aprender a manejar; y aprendo, incluso, a relacionarme con personas que no están preparadas para relacionarse con la discapacidad.  Lo que yo no puedo controlar es que el entorno sea accesible, y ahí es donde yo trabajo: buscando un entorno que nos permita llegar a esa conclusión, que la discapacidad no es incapacidad, sino una forma diferente de hacer las cosas, con unas herramientas necesarias, con un entorno adecuado. Por eso soy tan enfático en diferenciar: cuando uno enfrenta un cambio, es un cambio que lo lleva a tomar unas decisiones de vida. Es muy diferente a decir: me quedé aquí, y no puedo hacer nada más. Si a mí me dicen ‘usted tiene una incapacidad, usted no puede hacer algo’, entonces yo me tengo que quedar sin hacerlo.

No solo has hecho una transformación en tu vida, como persona. ¿Cuál es tu aporte a la sociedad con tu empresa Colombia Accesible, con tus conferencias y con tus talleres? 

Yo he enfocado mucho mi trabajo hacia las personas que no viven con la discapacidad. Cuando tengo la oportunidad, hablo también con las personas que empiezan a entrar al mundo de la discapacidad, sobre todo para darles el parte de tranquilidad de que es posible, desde el punto de vista de ellos, pero que tiene que haber un apoyo de la sociedad para eso.  La pandemia, por ejemplo, nos está obligando a hacer cambios en nuestras vidas, pero los estamos haciendo en conjunto; no es una persona peleando contra un mundo que no está preparado, sino todos adaptando un mundo para todos nosotros. En el caso de la discapacidad, sobretodo en Colombia, se trata de una población pequeñita, sola, contra un país hostil.  Entonces, el trabajo es mucho más difícil.  Yo, después de la rehabilitación, aprendí a manejar mi silla de ruedas y estaba listo para salir al mundo, pero yo salí a un mundo que no estaba listo para mí.  Yo quería entrar a la oficina, y la oficina solo tenía escalas; no cabía por la puerta; y no quepo en los baños, y no puedo entrar al centro comercial, y en el cine quedo pegado de la pantalla, cuando logro entrar… Yo sé cuáles son mis capacidades, pero el mundo no me las está dejando ejercer. Entonces ahí es donde hay que entrar a trabajar con las personas que no tienen discapacidad, para cambiar su percepción, para que la sociedad entienda la importancia de ser incluyente. Ser incluyente y ser accesible no es un trabajo que se hace para nosotros, es un trabajo que se hace para la sociedad. No nos beneficiamos solamente las personas con discapacidad, nos beneficiamos todos. Si el turismo se vuelve accesible, el turismo crece porque está ganando un mercado que no tenía.  Si la ciudad se vuelve accesible, la gente puede salir de sus casas. Y si puede salir de sus casas, puede trabajar. Y si puede trabajar, puede pagar impuestos y consumir. O sea, las personas con discapacidad nos beneficiamos, pero el país también, porque crece. Entonces el trabajo es no solamente que las personas con discapacidad sepan que son capaces, sino que la sociedad entienda por qué debe brindarles las herramientas, para que todos podamos crecer juntos, para que todos desarrollemos un país en el que todos podamos participar, aportar y vivir.

Has realizado alrededor de 600 talleres con empresas y entidades públicas para dar a conocer este concepto. ¿Cómo son tus talleres?

Yo tengo una cantidad de ofrecimientos en mi portafolio para llegarles a las diferentes empresas, de acuerdo con sus necesidades.  Hay trabajo de inclusión laboral, que hemos estado haciendo con empresas que le han apostado al tema, y que han entendido la importancia de la inclusión laboral.  Está el tema de accesibilidad al medio físico, de atención incluyente, y cómo atender y relacionarse adecuadamente con las personas con discapacidad; y el tema de números, de cómo hacer que ese desarrollo se pueda ver percibido en crecimiento de las empresas. Pero hay un eje transversal, que son esos talleres en los que la idea es cambiar la percepción de la discapacidad a través de unas actividades en las que las personas viven, de alguna manera, algunas de las dificultades que puede encontrar una persona con discapacidad en un entorno no accesible, y, de acuerdo con esa vivencia, trabajamos en el cambio de concepto en la discapacidad. Normalmente a esos talleres vivenciales se entra con un concepto de discapacidad muy aprendido en nuestra cultura; un concepto de pesar, de lástima. Trabajamos, entonces, durante todo el taller, en cambiar esa concepción, y en demostrarles a los asistentes que la discapacidad no es algo a lo que hay que tenerle lástima.  Todo eso en una conversada, a través de unas experiencias.

¿Cómo reaccionan los asistentes a los talleres?

Me parece fantástico.  Cada taller lo disfruto más que el anterior. Yo trato de entrar de una vez calmando los ánimos.  Hablar de discapacidad no es fácil, en una cultura como la nuestra, precisamente porque a la gente le han enseñado que la discapacidad da pesar. O piensan que les voy a decir que a cualquiera le puede pasar esto, y realmente no, la posibilidad de tener una discapacidad es muy bajita. No es entrar a pelearle a la gente.  Entran prevenidos, y yo los tranquilizo: ‘Digan lo que quieran, de inválido para arriba, lo que quieran’.  La gente habla con honestidad, y sobre esos imaginarios trabajamos en el cambio de mentalidad.

Después de realizar alrededor de 600 talleres, ¿has visto cambios?

Yo sí he visto cambios. Lo que pasa es que la deuda es muy grande. Apenas estamos empezando a trabajar en inclusión, desde hace muy poco tiempo. Cuando yo me accidenté no había nada. Cuando empezamos a hablar de accesibilidad, pensaban que estábamos ofreciendo un tema de precios; no existían ni siquiera parqueaderos para personas con discapacidad. Sí ha cambiado mucho la situación, y creo que las empresas han empezado a entenderlo; ellas nos están ya buscando a nosotros. Están entendiendo que es importante para ellas ser incluyentes.  El cambio va caminando, pero nos falta muchísimo.  Lo que le digo a las empresas es: no lo haga por nosotros.  Si usted no quiere que este centro comercial sea accesible, no lo haga; yo me voy para el del lado, que sí lo es. Y no solamente voy yo, sino también mi entorno familiar, mis amigos. Siempre me preguntan, ¿adónde vamos? ¿dónde es accesible? Y allá llegamos todos.

Otra línea es asesorar a empresas y entidades públicas en la infraestructura accesible.  ¿Han sido receptivas, o depende de cada gobierno?

La accesibilidad es un tema transversal. Ha sido muy difícil de explicar. La accesibilidad es un tema que debería nacer desde lo público, pero acá ha sido más impulsado por el sector privado. Algunas secretarías, algunos ministerios le apuntan, pero no es un tema integral. Esto requiere que lo hagamos todos, la accesibilidad tiene que estar en todo. Yo he tenido la posibilidad de trabajar en diferentes entidades públicas algo que me ha apasionado muchísimo, y es el tema de la vivienda: arranquemos desde el espacio propio.  Hay personas discapacitadas que viven en unas condiciones tremendas.  Ahora estoy trabajando con el Ministerio de Vivienda en la política de vivienda rural.  Es buscar alternativas donde uno pueda generar más impacto, para ir creando ese cambio.  Hay personas que viven en situaciones dramáticas. Cuando apoyé el programa de mejoramiento de vivienda en Isvimed, en Medellín, encontré personas que se habían accidentado hacía cinco años, y desde ese tiempo no habían podido entrar al baño de su casa.  Conocí a un señor que llevaba 10 años encerrado en la casa, porque el acceso era imposible; diez años viendo la vida desde su ventana; su casa por cárcel, sin haber hecho nada malo. No es justo. Y sobre eso tenemos que trabajar.  Se necesita voluntad política, y sobre todo es entender que todo lo que se haga por mejorar la accesibilidad es para toda la población.  Nos beneficiamos todos. La accesibilidad es comodidad para todo el mundo.

Has insistido mucho en la importancia de cambiar el lenguaje.  ¿Por qué?

Ni inválido, ni minusválido, ni paralítico, ni tullido, ni ‘quedó en silla de ruedas’… ni siquiera ‘está en silla de ruedas’, porque yo no estoy en silla de ruedas, yo uso mi silla de ruedas.  La silla de ruedas es mi vehículo, es como si yo dijera ‘quedé en condición de Susuky’… No, yo uso el Susuky para llegar de acá a la esquina. Es el vehículo que me permite movilizarme, y cuando llego a un lugar, me paso. Ni ‘estoy confinado’, usted se imagina ahí a la persona, en una silla, con la cobijita, y piensa: se le acabó la vida. Todo eso cambió, y hay que explicárselo a la gente. 

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