La soberanía de Francia

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La izquierda insiste en desconocer las leyes de oferta y demanda, tan sólidas y permanentes como la ley de la gravedad.

Colombia perdió su soberanía alimentaria, frecuentemente se lamenta Francia. Porque, en contra de “la vida”, a las élites corruptas de este país les dio por importar los alimentos en lugar de producirlos aquí.

No preocuparnos más, nos pide Francia, pues ella y Gustavo vienen en nuestra ayuda. Francia le explica a Colombia que la solución, por supuesto, es que volvamos a producir en el país todos nuestros alimentos.

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La dura realidad que Francia, siendo candidata, debería entender es la muy baja -y en casos decreciente- productividad del campo, que hace que muy diversos cultivos en Colombia no sean competitivos en los mercados. Con excepciones como café, caña, flores, aguacate, palma y banano.

Pero en numerosos cereales, frutas y verduras no podemos competir por la agreste topografía que impide la mecanización de cultivos, por las pésimas vías (¿cada vez peores?) y quizá por la falta de trenes. A veces por no tener el clima apropiado, a veces por suelos poco fértiles o muy ácidos. Y sin duda, por la tradicional informalidad en la propiedad de la tierra y el bajo tamaño de los predios, que limitan el acceso a crédito y nunca han permitido tener visión de largo plazo. Resultado: nos cuesta $100 lo que a otros les cuesta $80, y en algunos casos $50.

En el salón de juego que es el mercado destapamos un par de ochos, mientras otros jugadores llegan con ternas de ases, escaleras o póker. Países más beneficiados por la naturaleza o que, simplemente, han hecho mejor la tarea. Forzar al pueblo a comprar colombiano caro en lugar de importar productos más baratos y con frecuencia de mejor calidad, obvio que podría beneficiar a algunos productores… pero condenaría a todos los colombianos, pobres y ricos, a pagar más por su canasta familiar.

“Por la vida”, ¿castigaremos a 100 para premiar a 3?
La izquierda insiste en desconocer las leyes de oferta y demanda, tan sólidas y permanentes como la ley de la gravedad: siempre que haya un producto mejor y a menor precio, la gente lo preferirá. Soberanía es tener derecho a adquirirlo.

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Quién entiende: no les preocupa para nada la soberanía energética, más crítica aún que la alimentaria. Esa sí la tenemos hoy, pero la prometen dilapidar dejando de explorar petróleo. Sus proyectos “por la vida” terminarían en que todos, empezando por “su” pueblo, paguemos mucho más por combustibles y productos básicos.

Francia, por supuesto, tiene derecho a toda la soberanía que necesite para expresar sus propuestas. Colombia no se opone. Solo que tengan conexión con la realidad. Pero la izquierda jamás se la ha llevado bien con los hechos reales.

Esas propuestas “francesas”, inocentes y despistadas, van mucho más en contra de “la vida” que todo lo que ya hemos vivido en Colombia.
Por la vida, ¡que no las apliquen!

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