Historia del barrio El Tesoro

Foto Cortesía

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Eran los tiempos de la Guerra de los Mil Días y a dos soldados les encomendaron trasportar un cargamento de oro desde Urabá hasta Bogotá, necesario para financiar el enfrentamiento bélico; el camino de entonces hacía necesario el tránsito por Medellín. Las lomas de El Poblado eran entonces caminos de herradura por los que transitaban recuas de mulas cargadas de mercancías.

Por aquí vinieron a dar los soldados de esta historia con su cargamento y en un lugar indeterminado entre La Cachucha -por donde hoy es Hamburguesas del Corral- y La Ye -Loma de Los Balsos- se perdieron con el oro.

Nunca se supo que pasó con ellos, si se robaron el oro o simplemente se perdieron. El caso es que las mulas aparecieron solas y sin cargamento.

Desde entonces comenzaron las historias sobre la suerte del ya famoso tesoro. A los niños de años muy recientes todavía les tocó oír las historias de los tesoros de indios en esa zona. Aún hoy en día se habla del Túnel del Indio que empezaría por los lados de La Cachucha y saldría a La Chacona. 

De ahí vendría, el nombre de El Tesoro para la loma y el barrio; sin embargo otros cuentan una historia distinta, referente a los mineros que usaban ese camino en sus travesías.

Por donde hoy es el barrio El Tesoro, dice la historia, hubo antes una fonda de arrieros en la que éstos se hospedaban, descansaban las mulas y cogían fuerzas para continuar su camino.

Muchos de ellos transportaban oro y no resistían la tentación de quedarse aunque fuera con el ripio de lo que llevaban. Así, continua el relato, escondían sus poquitos de oro en las paredes de la fonda.

Esta casa era de tapia y se volvió un verdadero tesoro que nunca llegó a las manos de quienes lo escondieron ahí, sino a las de los que muchos años después tumbaron la casa para construir en ese lote.

Con los años toda la loma empieza en la 10, atraviesa El Poblado en diagonal y sale a La Ye, en la parte alta de Los Balsos- tomó el nombre de El Tesoro.

1997 – Casa de la familia Londoño Pérez , descendientes de lucrecia Parra.

Fundadores

El barrio El Tesoro, el de las casitas, fue fundado a finales del siglo pasado y desde entonces ha sido habitado por las mismas familias. Los habitantes actuales dicen que según las historias de sus abuelos, para 1890 el barrio ya existía, pues hay datos ciertos de antepasados qué por esa época vivían allí. Las primeras familias del barrio fueron los Torres, los Londoños, los Ochoas, los Gavirias y los Pérez. De todos
ellos hay descendientes en el barrio El Tesoro, ya sea en La Ye, El Hoyo -conocido recientemente como El Achantadero- y El Tesoro propiamente dicho.

Parte de esos terrenos -circundados por la Loma de El Tesoro, la carretera El Tesoro Los Balsos, la Loma de Los Balsos y la Transversal Superior eran propiedad en el siglo pasado de María Lucrecia Parra, bisabuela de Luis Fernando Londoño, uno de los habitantes actuales. Doña Lucrecia era de los Parra de la loma.

Esos terrenos estaban dedicados a la agricultura y, en la medida que la familia fue creciendo, fueron divididos entre los hijos para que construyeran sus casas. Otros recibieron lotes en regalo de sus patrones en las fincas. 

Poco a poco sé formó el barrio, aunque sólo hasta hace unos cuatro años es considerado zona urbana. Hoy lo habitan 60 familias, casi todas descendientes de los fundadores.

A los mayores de hoy les tocó en su infancia escuchar las historias de El Tesoro, por eso en las noches de Semana Santa salían a buscar guacas; cuando eso la loma ya tenía las primeras fincas de recreo de las familias de clase alta del centro.

Las primeras fincas fueron Marianela, hoy Loyola; Campo Amalia, hoy Villa Gonzaga; Las Mercedes, hoy Asís y San Isidro, hoy Isa.

Finca El Tesoro

El barrio tomó el nombre de la finca El Tesoro, propiedad de Rudesindo Echavarría, lote que hoy ocupa el colegio José María Berrío.

Rudesindo Echavarría la vendió a un alemán que llegó a esconderse a esta montaña después de la Segunda Guerra Mundial. Este personaje, conocido en el barrio como falsificador de dinero cuyos talleres estaban en el sótano de la casa, vendió la finca a bajo costo a la comunidad de religiosos de San Gabriel, con una condición: el terreno sólo se puede utilizar para actividades educativas. Esa restricción está vigente y aunque el colegio Berrío termina su arrendamiento en diciembre, los nuevos inquilinos o quienes se lo compren a los religiosos -éstos ya han manifestado su intención de vender- no lo podrán urbanizar.

Barrio El Tesoro

El barrio de hoy enfrenta los mismos problemas de otros de su mismo estrato, pero ubicados en otras comunas: se necesita una escuela y un colegio -para todas las lomas- que remplace el que cerraron los religiosos, servicio de transporte público pues los buses de El Poblado llegan sólo hasta la Superior, acueducto de Empresas Públicas, pues la toma de agua de La Volcana no es la más saludable, vigilancia policial que controle las malechores que suben al sector para aprovecharse de la soledad de las carreteras y cometer sus fechorías, recreación y alternativas de empleo para los jóvenes del barrio.

La lista es larga como para la mayoría de los barrios de estratos bajos de Medellín. Aún así los habitantes de El Tesoro no cambian su barrio por nada pues lo consideran un excelente lugar para vivir. Lo demuestran los más de 100 años que llevan esas familias allí.

Artículo publicado en la edición impresa 114 en junio de 1997. 

 

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