El valor de la amabilidad

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En tiempos donde la apatía a veces parece ser la real pandemia, nos vendría bien hablar de lo importante que es ser amables.


Esta última semana fue agobiante, por no decir lo menos. Entre elecciones, consultas, hilos de jefes de comedor dando testimonio de cómo lo trataban los comensales en un afamado restaurante de Bogotá, perfilaciones de opositoras hechas por las mismas que dicen cuidar a las mujeres y (no dejemos por fuera) todo lo que el matoneo ha sacado a la luz pública últimamente… me hizo valorar más que nunca a ese chico que me cedió la silla para sentarme con mi hija a disfrutar de un buñuelo en un estadero lleno. Me hizo agrandar la sonrisa detrás del tapabocas cuando un joven, entusiasmado con su nuevo restaurante, me mostró orgulloso la carta y me invitó a seguir. Y me hizo agradecer con el alma a esa mamá que me llamó a felicitarme porque mi hijo había ayudado al suyo en el colegio.

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Son siempre los pequeños actos los que terminan haciendo la diferencia. Las sonrisas espontáneas, las miradas cómplices, el carro que frena para dejarte pasar, la chica que te advierte que llevas el bolso abierto o que algo se te va a caer, la señora que saluda a tu hija pequeña porque se le enterneció el corazón, el señor que sujeta el ascensor mientras corres como loca por el parqueadero…

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Y no son esas proezas que acontecen cada tanto, pero que esperamos con muchísimo anhelo. Es difícil cuando uno trata de ver la vida con ojos amables, porque confundimos ser amables con ser vulnerables, o ilusos.

No nos queremos comprometer, porque nos cuesta hacer acuerdos entre nosotros y con nosotros mismos. Que, entre otras cosas, pobre de la palabra “acuerdo”, que viene de las raíces latinas: ad – hacia y cordis – corazón. Porque pareciera que más nos dirigiéramos hacia la razón, o hacia el bolsillo que hacia lo que realmente sentimos.

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Es fácil deducir, entonces, de dónde viene la palabra “recuerdo”: re – de nuevo y cordis – corazón. Es precisamente por esto que la gente podrá olvidar lo que hicimos, pero nuca cómo la hicimos sentir.

En un mundo donde podemos ser cualquier cosa, seamos amables.

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