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Pandemia y cambio

Cambios personales y sociales, cambios en la economía y en la administración de la sociedad… es una realidad que puede gustarnos, o no, pero que está ahí sin opción de eludirla.

Todavía nos falta mucho para saber sobre los efectos totales de la pandemia, pero ya podemos entender qué cambios debemos hacer, para atender la otra realidad que ella nos va dejando. Medidas restrictivas, nuevas rutinas, promoción de comportamientos inéditos, confinamiento impuesto, nos han generado una nueva realidad que puede gustarnos, o no, pero que está ahí sin opción de eludirla.

Los primeros cambios que debemos atender son personales, en nuestras rutinas de vida aún más íntimas. Respetar la vida propia y la de los demás, aprender a comportarse frente a familiares y amigos, no afectando su espacio, son cambios ligados a que cada uno pueda estudiar o trabajar desde su residencia sin afectar a quienes comparten el mismo sitio.

Hacer conscientes comportamientos de higiene y consumo de alimentos es otro cambio; uso de mascarilla, lavado de manos y distancia social (este último tan difícil de atender por muchos), nos imponen nuevas rutinas, que bien llevadas seguro mejorarán la vida de todos.

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En el comportamiento social sí que hay cambios por asumir. Aprender a respetar el espacio de otros será el cambio tal vez más difícil; lo estamos evidenciando en las filas del transporte público o de cualquier servicio que lo requiere. Si entendemos que el espacio es también aire y sonido, tendremos que cambiar comportamientos en la forma de hablar, escuchar música en espacios colectivos, entregar o recibir dinero o paquetes. Cuando vuelvan los eventos masivos, y aún ahora con la recreación, el deporte y el ejercicio programado, la idea de que se pueden hacer actividades colectivas, sin mortificar a los demás, debería ser un cambio profundo.

Aún la forma de comportarnos en el espacio público, debe garantizar el goce de todos.

La economía y la administración de la sociedad tienen que cambiar en muchas cosas. Hay que superar las “preexistencias” del sistema de salud (malos salarios, precaria dotación, turnos agotadores, entre otros); hay que hacer que la educación integre las posibilidades del internet; hay que hacer que la conectividad sea un servicio público esencial con cobertura masiva, como lo deben ser el agua o la energía; hay que definir el mínimo básico para todo ciudadano que no tenga ingresos, con el que se pueda mantener, asumiendo compromisos de aporte a la vida en sociedad; hay que formalizar empleos y constituir fondos de ayuda para trabajadores independientes; hay que evaluar los negocios desaparecidos, para proponer nuevas alternativas cuando se compruebe que había oferta redundante en algunos sectores. Hay que entender que había muchas cosas que se nos hacían necesarias, pero que no lo son.

Cambiar para adaptarnos a la nueva vida; aprovechar las nuevas realidades, para construir un mundo mejor.

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