Contraloría para carreteras

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La obsesión del despacho del Contralor General por asignar y cobrar culpas puntuales y personales en Hidroituango es deplorable. ¡Y peligroso!

De tanto caos e incertidumbre que han rodeado al proyecto Hidroituango, quedan múltiples enseñanzas. Entre ellas que a un gobernador, alcalde, gerente, o miembro de junta directiva, más les vale estudiar personalmente, en detalle y hasta el fondo, cada una de las complejas decisiones técnicas y financieras que deberán ser tomadas durante el diseño, construcción y operación de un proyecto de ingeniería.
Y, por favor, que traten de no firmar nada. Aún si sus propios expertos les aseguren que todo va a salir bien.

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En especial si sobre esas obras de ingeniería hay alguna probabilidad de que intervengan fuerzas de la naturaleza mayores que las habituales. No firmen, tarde o temprano algo ocurrirá y la contraloría o alguna entidad similar se lo querrán cobrar, con cargo a su patrimonio y buen nombre.

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Porque ahora, con Hidroituango como precedente, las “ías” se sentirán tentadas a reclamar a funcionarios públicos y privados cada que una obra pública no funcione como se esperaba. Y con retroactividad, probablemente.

Contralor, viendo que está tan decidido, ¿por qué mejor no orienta a su entidad a que haga estricto control sobre tantas deplorables vías de nuestro país? ¿Qué le impide seguir, usando su -recién descubierto- arsenal jurídico para reclamarles a los responsables de los desastres que ocurren a diario?

Sobre numerosas carreteras del país caen enormes derrumbes en las temporadas de lluvia. Esto no debería ocurrir, pero ocurre porque alguien decidió que en ese punto no se hacía un túnel o un viaducto sino un simple (y barato) corte de talud.

Quizá alguien más decidió diseñar ese corte con un ángulo muy empinado. Otro no desvió bien las aguas, y otro más no hizo mantenimiento. Y nadie detuvo la obra cuando resultó que el material del corte no era tan firme como se suponía.

¿Por qué no los obliga a todos (contratantes, contratistas, diseñadores, encargados de mantenimiento, etc.) a responder por incontables muertes, lesiones, accidentes, lucro cesante, atraso económico y pérdidas multibillonarias para el país?

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Lo anterior tiene su carga de ironía, de acuerdo. Pero si se lo tomara en serio, Contralor, comprobaría que lo que perdemos cada año en vidas y recursos estatales por pésimas decisiones en diseño, construcción y mantenimiento de vías es muy superior a Hidroituango. Impunemente.

De cualquier manera, la obsesión de su despacho por asignar y cobrar culpas puntuales y personales en Hidroituango es deplorable. Podría paralizar la obra por largo tiempo y contribuir a que el vertedero o el cuenco cedan, pues se van debilitando con cada día que sigan recibiendo al río Cauca entero. Ruegue porque no.
Si esa catástrofe innombrable ocurriera, ¿usted qué diría?

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