Desde la primera lectura de El amor en los tiempos del cólera, cuando todavía estaba en bachillerato, hubo dos periodos de tiempo que quedaron en mi memoria: cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días; y cincuenta y tres años, siete meses y once días. Eran los tiempos de espera de Florentino Ariza por Fermina Daza. De ello me cautivó la paciencia, la espera y la posibilidad de un amor capaz de desafiar el paso de los años.
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Hace unos días esos mismos números volvieron a aparecer con fuerza. No porque hubiera regresado a la novela —aunque siempre es una buena idea hacerlo—, sino porque la sexta edición de la Feria Cultura y Libros El Tesoro, en alianza con Vivir en El Poblado, decidió comenzar, desde ahora, un camino hacia el centenario del nacimiento de Gabriel García Márquez, que conmemoraremos en 2027. Una cena literaria, un club de lectura sobre El amor en los tiempos del cólera y una conversación sobre la vigencia de su obra fueron, más que una programación alrededor del escritor, una invitación a volver a leerlo.
Mientras escuchaba las conversaciones de esos días, pensé que todavía faltaban meses para la conmemoración. Y me alegró que así fuera, porque celebrar García Márquez no debería consistir en esperar la fecha exacta del centenario, sino en llegar a ella después de haber vuelto a leer sus libros, de haberlos discutido y de haber encontrado en ellos nuevas preguntas y reflexiones. Por ello, la mejor forma de prepararnos es hacer que su obra siga circulando entre quienes la conocen y que, al mismo tiempo, llegue por primera vez a nuevos lectores.
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Antes de llegar a los homenajes, este es, entonces, el momento perfecto para volver a los libros de García Márquez. En mi caso, al menos, así será. Cuentos, crónicas, artículos y novelas serán mi compañía durante los próximos meses; nuevas lecturas y varias relecturas. Porque sospecho que, como ocurre con las grandes lecturas —aquellas que nos marcan, como lo ha hecho buena parte de su obra conmigo—, nunca son exactamente las mismas: quienes cambiamos somos nosotros, y esa es la mejor razón para regresar.
“La mejor manera de celebrar a Gabriel García Márquez no es esperar el centenario, sino llegar a él después de haber releído sus libros”.




