¿De dónde venís, Andariego?

Cinco carritos recorren el Centro vendiendo café
Dávinson Valencia trabaja de lunes a sábado recorriendo el Centro con su carrito de café.

Cinco carritos recorren el Centro vendiendo café. Dávinson Valencia es uno de los hombres que sirve tinto y sonrisas.

Cuando el sol apenas está saliendo, Dávinson Valencia ya está listo para salir a trabajar. Se monta en su bicicleta y sale de Zamora camino al Parque de San Antonio. Allí, en un pequeño local, está ¿De dónde venís Andariego?, un floreciente negocio que distribuye café por todo el centro de la ciudad.

Andariego, como se le conoce ya en las calles, es la idea de negocio de Andrés Felipe Gómez, un joven emprendedor que le apuesta, a través de este modelo, a propagar la cultura cafetera entre los medellinenses. Andrés había tenido un negocio similar, tomó todo el conocimiento adquirido y creó su propia empresa hace casi un año.

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En la mañana, el olor a café se siente en las aceras y los locales de los barrios del Centro. Los tinteros recorren cada rincón y sirven caliente un pequeño vaso de tinto o de café con leche. En la multitud, resaltan los Andariegos. Como Dávinson, que viene de Venezuela, son cuatro personas más las que caminan arrastrando un pequeño carrito que se inspira en los jeep Willies que transportan los granos en las zonas cafeteras del país. “El carrito fue lo primero que creamos”, explica Andrés. Se diseñó de forma que no estorbara en las aceras. “Tiene un ancho de 40 centímetros, que es en promedio lo que ocupa una persona caminando. Por eso nunca hace taco”, explica.

Es otro café

También inició una búsqueda del café que quería ofrecer.

“En el Centro se vende mucho café instantáneo, tenía que ofrecer un producto diferenciador”.

Andrés encontró un café de origen, oriundo de Andes con una excelente taza. De hecho, Dávinson puede dar fé de que el producto es muy bien apreciado: “la gente siempre me espera porque dicen que el nuestro es puro”. Y con puro, se refiere a que es de grano molido y no instantáneo.

Al mismo tiempo en el que Dávinson se arregla, ya en el local de Andariego, ubicado en el costado sur del Parque de San Antonio, la actividad ha empezado: se preparan café y aguadepanela, se porciona leche en polvo, se arman sánduches, se empacan paquetes de parva, en resumen, de deja todo a punto para buscar clientes.

La carta es amplia, además de tinto hay capuccino, aguadepanela, tetero, que es cuando a esta última se le pone leche, y Milo. Dávinson carga su carrito y se despide. Va hacia la Placita de Flórez y en el recorrido ya hay personas que lo esperan.

Para Andrés, Andariego también es la posibilidad de ofrecer empleo digno, pues cada uno de sus colaboradores trabaja con un contrato legal. En un momento, cuando se retiró de su anterior negocio, empujaba un carrito. Poco a poco pudo abrir rutas y llegó un momento en el que pudo volver a lo suyo: a gerenciar y comercializar. De hecho, Dávinson fue el heredero de su recorrido.

 

En el futuro, Andrés sueña con un local al que llamará La Finca y con ampliar su flota a 20 carros para atender más sectores en el Centro. La Finca será un punto de encuentro en el Parque de San Antonio. A su lado, Andariego tendrá un centro de acopio en el que los tinteros puedan retirar sus pedidos, descansar y almorzar, como ya lo hacen en el lugar.

Dávinson y sus compañeros descansan de 11:30 a.m a 2 p.m. La tarde es, nuevamente, para hacer el recorrido. Y mientras en la mañana el más apetecido es el tinto, después del mediodía los clientes prefieren el café con leche. Dávinson sirve tres termos de tinto y tres de agua (que se usa para el capuccino). Lo que da un promedio de unos 100 cafés diarios. Si a eso se le suma lo de sus compañeros y el café preparado que Andrés vende al por mayor a cafeterías y restaurantes, Andariego vende todos los días 68 litros de café. “Así estoy empezando a generar conciencia por el consumo de café. Si logramos democratizar un buen café, la gente cada vez será más exigente con la bebida que está tomando, no solo en la calle, sino en la casa”, concluye Andrés.

 

Un andariego

Dávinson Valencia llegó a Colombia hace dos años. Estuvo en Barranquilla, pero cansado de no encontrar oportunidades, viajó a Medellín hace nueve meses. Al día siguiente de llegar ya estaba trabajando en Andariego. Es feliz en su trabajo, más cuando los clientes siempre lo reciben con una sonrisa. Además, ha aprendido de café colombiano, porque es interés de Andrés Gómez que cada uno de sus empleados sepa qué producto están vendiendo.

 

Por: Juan Pablo Tettay De Fex / juan.tettay@vivirenelpoblado.com

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