Solidaridad compartida: la casa de Mateo

Esta es una forma de ayudar, en medio de una realidad: son evidentes las “brechas de inequidad tan hondas del mundo que habitamos”. A través de la historia de Mateo, estudiante del Colegio Nueva Paideia, una forma de entender que “ser solidarios no es un gesto que sólo se puedan permitir quienes tienen mucho dinero”.
Por: Opinión
16 noviembre, 2025
Marcela Mosquera
Por: Marcela Mosquera. Comunicadora social. Ha trabajado en cultura los últimos veinte años. Apasionada practicante del yoga, convencida del poder de las pequeñas historias. Cree en la impronta del amor y en la belleza cotidiana que habita en todos. Lleva tatuada en su brazo la palabra esperanza.

Hace algunos meses, a causa de los derrumbes en las vías del Suroeste de Antioquia, algunos de los estudiantes del colegio fundado por mi esposo, el Colegio Nueva Paideia*, no pudieron regresar, como es habitual, los fines de semana a sus casas. Así que, entre los padres de familia y las directivas del colegio, se decidió ofrecerles hospedaje temporal en otras casas, mientras se habilitaban las vías de nuevo.

En mi casa se quedó Mateo, un joven oriundo del municipio de Betania, y junto a él compartimos mi esposo y yo un bonito fin de semana entre cocinar, recorrer la ciudad, ir a cine, practicar karate-do, conversaciones largas y reflexiones sobre un tema importante para Mateo: la autonomía, uno de los 6 pilares del Colegio Nueva Paideia.*

El último día del fin de semana, la mamá de Mateo, doña Orfali me llamó para agradecerme por hospedar esos días a su hijo en nuestra casa, y que además ella no estaba segura, si tal vez yo sabía, que ellos en su casa no tenían energía eléctrica. Entonces, cuando en el colegio habían mencionado que una opción era realizar clases virtuales mientras se normalizaban las vías, para ella y su esposo había sido una gran preocupación, porque Mateo no habría podido estudiar de esa forma.

Esa conversación con doña Orfali me conmovió profundamente; por un lado, su confianza y gratitud, y, por otro lado, la realidad de estas brechas de inequidad tan hondas del mundo que habitamos, donde los servicios básicos no están cubiertos para tantas personas. Pasaron los meses, y surgió la posibilidad de realizar una campaña que demostrara que ser solidarios, no es un gesto que sólo se puedan permitir quienes tienen mucho dinero, sino que está al alcance de todos, y creamos en el trabajo la campaña Yo dono dos mil por la energía que cambia vidas, para instalar en la casa de Mateo y su familia paneles solares que les permitan pasar de las velas a la electricidad. Pronto lograremos la meta, y quiero dejar en estas páginas el texto que construimos con mi hermano Juan Mosquera, que retrata esta causa:

Yo dono dos mil por la energía que cambia vidas

Mateo es un estudiante excepcional. Sus compañeros lo admiran, sus profesores lo quieren, todos sienten orgullo por tenerlo cerca. Mateo trabaja con sus padres en la finca. Sabe todo lo que hay que saber sobre café porque siembra, recoge, seca, despulpa y tanto más para ayudar a su familia. Tiene sus manos en la tierra y sus pensamientos en un futuro distinto a este presente. Es el año 2025 y cuando cae la noche encienden velas en casa porque no tienen energía eléctrica, como si vivieran varios siglos atrás. La posibilidad de conservar alimentos frescos está dentro de la nevera de los vecinos que -a quince minutos a pie- les guardan provisiones. Cargar un celular es una proeza, lo hacen en el pueblo, de tanto en tanto, donde una tía. Mateo se quema con cera de vela cuando estudia en casa al final de la tarde, no siempre puede ser linterna, y aun así entrega siempre sus tareas. ¿Saben? Nunca se queja. Ni él ni los cinco que viven en casa. Sus días empiezan muy temprano porque tienen que aprovechar toda la luz del sol.

Mateo Saldarriaga Henao tiene16 años. Vive en la vereda Santa Ana en Betania, Antioquia. Es estudiante becado de noveno grado en el colegio Nueva Paideia.

Encendamos una luz de esperanza. Queremos dotar de paneles solares esta casa para que Mateo y su familia tengan energía eléctrica. Nuestra meta es que este año, por primera vez, enciendan luces de navidad en familia como símbolo de todo lo que cambiará en sus vidas con el acceso a la energía que vos y yo tenemos desde siempre. 

Puedes donar desde dos mil pesos en adelante.

Por cada peso consignado One Inversión Social aportará un peso más, igualando la suma y multiplicando el beneficio. Nuestra meta son 22 millones de pesos.

Nos acompaña Energía Grata que ha dotado ya de energía solar a 1.179 hogares en La Guajira. 

Únete a esta iniciativa compartiendo esta información y donando desde donde estés. Podemos cambiar vidas*

*Puedes donar a la cuenta de One Inversión Social No. 85004761966 ahorros Bancolombia con el NIT 901177509.

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