El 13 de junio se inauguró un mural de aproximadamente 35 metros de altura y 45 metros de ancho en Miami en el marco de la Copa Mundial de la FIFA 2026. La pieza hace parte de “One game, one passion” (Un juego, una pasión), una iniciativa que reúne varios murales en torno al fútbol. Ese mural de Miami fue realizado por el artista japonés Dragón76. Mientras terminaba su obra en la que tardó más de diez días, expresó a un medio estadounidense: “Estoy muy feliz porque jugué fútbol cuando era niño y era mi sueño”.
Como Dragón76, muchos aficionados al fútbol encuentran en el arte una forma de expresar esa pasión. En Antioquia, el artista Sergio Andrés Alzate, conocido en el mundo artístico como “La Zorra”, tiene más de 15 años de experiencia en el muralismo y, hace más de diez, trabaja haciendo las obras de la barra del Deportivo Independiente Medellín (DIM). “Empecé a trabajar muy empíricamente con pinceles y brochas, y luego empecé a trabajar con el aerógrafo. Me demoré en aprender esa técnica porque esa sí es 100% a mano alzada”, cuenta Sergio.
Para Alzate, al igual que para otros barristas y artistas, el partido no solo se da en la cancha entre los jugadores, sino también en las tribunas y entre las barras que compiten por cuál se organiza mejor para mostrar sus obras artísticas con las que apoyan a su equipo.

Por ejemplo, una de las obras más grandes que ha hecho junto a otros artistas del DIM es pintar una bandera de aproximadamente 750 metros lineales. La primera fase, fueron 250 metros y se demoraron ocho días en pintarla por completo y presentarla en el centenario del equipo. A diferencia de los rayones espontáneos con aerosoles, conocidos como graffitis, los murales o las grandes pinturas sobre telas requieren una preparación cuidadosa.
“Primero me gusta escuchar las ideas que tienen, porque obviamente hay que buscar que se sientan representados. Entonces, me ‘parcho’ con ellos a hablar, a que me digan qué les gustaría, a escuchar hasta historias”, confiesa Sergio sobre la preparación para hacer alguna de sus obras. A él lo buscan para hacer diferentes murales, no solo los del DIM, sino también de otros equipos como el Bucaramanga y el Once Caldas.
“La obra misma nace del ‘parche’ colectivo,
con jornadas en las que se reúnen ideas,
se comparten opiniones y se planea con cuidado
y detalle lo que se quiere expresar”, Sergio Alzate.
Como lo menciona Alzate, la obra misma nace del ‘parche’ colectivo, con jornadas en las que se reúnen ideas, se comparten opiniones y se planea con cuidado y detalle lo que se quiere expresar. Kevin Daniel Rozo y Juan Carlos Rojas afirman en su texto Barras de fútbol, aguante y luchas territoriales en la ciudad: tipificación del graffiti barrista, que estas prácticas “constituyen formas de territorialidad que agencian los barristas para transformar y apropiarse del espacio bajo el emblema de su equipo preferido”.
Además de expresar la pasión por el fútbol y de crear sentido de pertenencia y apropiación de un territorio, el muralismo también representa memoria e historia. A menudo en los murales se reflejan los rostros de los jugadores favoritos, o de aquellos hinchas apasionados que murieron. Y en Medellín, por ejemplo, también se ha vuelto una forma de resistencia y paz. “Hice un diseño de tres niños, dos niños y una niña sentados viendo un partido de la selección Colombia. La niña tiene una camisa de la Selección Colombia, un niño la del Medellín y el otro niño la del Nacional”, cuenta Sergio sobre un estímulo que se ganó con la Alcaldía de Medellín.

Para él, cada trazo en una pared o en una tela gigante es una forma de validar que el fútbol puede ser un punto de encuentro ciudadano y no de división. “Siento que pintar sobre el fútbol reúne mis tres pasiones más grandes en una misma casilla: el arte, el deporte y el amor por mi equipo”.





