Siento que el vértigo nos consume, que corremos y corremos como si los días fueran una carrera contra reloj, como si tuviéramos que llegar a algún lugar, uno que ni siquiera existe.
Siento que los días están cada vez cargados de más afanes, tareas pendientes, necesidad de resultados, es como si el latido del corazón hubiera dejado de ser la expresión de la vida, para ser un minutero que nos recuerda que tenemos “algo” pendiente por hacer. Tal vez “algo” que se nos escapa, como la lluvia entre los dedos de las manos, es como si eso que no sabemos nombrar se estuviera extinguiendo dentro de cada uno de nosotros.
Y mientras tanto afuera, en la contemplación que poco frecuentamos suceden cosas extraordinarias: la mirada de Kairita (mi perrita), la caricia de Elvis (mi gatico), el lametazo de Simba (mi perrito cachorro), las gotas de agua que caen de la enredadera que cubre la fachada de la casa, el placer de inhalar despacio y exhalar aún más despacio con los ojos cerrados, las hojas de las plantas dentro de la casa y su belleza exuberante, la delicia de caminar descalza sobre la madera, el olor del primer café de la mañana, cocinar sin prisa, solo sintiendo cómo los alimentos que tenemos entre las manos son perfectos, sus colores, la combinación de unos con otros. Y comer disfrutando cada bocado, sentarme en la sala y perderme entre las montañas y las nubes que se ven por las vidrieras, llegar a la cama y dormir, sólo dormir, sin celular al lado, sin alarma, sin lista de tareas.
Creo que no hemos aprendido a honrar los días; pero sí los calendarios, las agendas, los pendientes, los planes, las proyecciones. Y vivir presente no es ni siquiera un lujo, es algo olvidado, casi arcaico. Conversar mirándonos a los ojos, ¿qué es eso?, conversamos mirando una pantalla que reproduce letras y emoticones, esa forma de expresión que reemplaza el contacto físico, el abrazo, la risa, las lágrimas, la ilusión y hasta el paisaje.
Qué bonito sería volver a la pausa, el mundo necesita una pausa, nosotros necesitamos una pausa para sentir, sólo para estar aquí con nosotros mismos. Es octubre y la salud mental un tema que se conmemora, del que se presentan estadísticas, estudios, alertas. Yo creo que necesitamos hacer espacio para la pausa, para poner una mano en el corazón y otra en el vientre, y tratar de volver a respirar. No es la solución, pero ante los retos que abruman, conviene empezar por lo más pequeño, por esas acciones minúsculas, tal vez el asombro y la curiosidad regresen.





